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María Eugenia Yagüe

María Eugenia Yagüe

Periodista y comentarista social
martes, 04 de agosto de 2009, 14:30
Julián Lago dará sorpresas después de muerto

 

(04.08.09) Todo estaba preparado para el último viaje. Julián Lago volvía a España uno de estos días. El doctor Juan Abarca, su amigo, protector, el médico responsable del Hospital Montepríncipe, donde le habían cuidado estos últimos años, había dicho a quien esto escribe hace sólo dos días: ”Que venga ya, coño. Yo pago toda la medicalización que necesita el aparato para transportar a un enfermo. El doctor Guerrero irá también y las enfermeras, pero que lo traigan de una puñetera vez. Ya tengo tres presupuestos de tres aviones distintos, con una, ninguna o dos escalas. Si no viene ahora, Julián no llega a septiembre. Han descubierto que ha sufrido un isquemia hace unas semanas, hay que traerle a casa inmediatamente”.

Pero no ha habido tiempo. Julián Lago se ha muerto lejos de casa, quizá es lo que habría querido, porque su casa y su familia eran ahora Paraguay, su finca, las vacas, la escuela para enseñar a leer y escribir a aquellos niños analfabetos que se le subían a la cama para abrazarle y decirle “te quiero“. Él contaba que se emocionaba sintiendo su calor de sus bracitos en torno al cuello.

Y también estaba Yolanda, la chica que había conocido en el hospital Montepríncipe y le llenó de afecto y atenciones hasta el punto de dejar su trabajo en España para irse con él a empezar una nueva vida.

Julián dejó España con ella en noviembre y antes de irse llamó para explicar el mensaje de su marcha. ”El único sentido de la vida es ayudar a los demás“.

En febrero regresó para poner cierto orden en sus cosas económicas, que no eran muchas. Su hermano Jesús cuenta que nunca le vio tan feliz y tan en forma.

Su segundo divorcio, firmado en condiciones de extrema y excesiva generosidad, había reducido mucho su patrimonio. Tenía un apartamento en Ibiza, donde hacía tiempo que le debían muchos meses de alquiler, otro pequeño apartamento que él llamaba “el zulo”, su domicilio privado al final del Paseo de la Habana, en Madrid, y algo de dinero en efectivo.

En la última resolución judicial de su larga y complicada separación había tenido que entregar casi 15 millones de pesetas en concepto de pensión para el menor de sus hijos y todos los derechos de su último libro, “Un hombre solo”, unas patéticas memorias de su soledad y su amargura, que estaban embargados por orden judicial a favor de su segunda ex mujer.

Cuando volvió a España en febrero, Julián se despidió de su hija mayor, Ana, la madre de su única nieta, una deliciosa niña china que el periodista adoraba. El adiós sonaba a definitivo.

Julián llamó a su tercer hijo, Pablo, pero el muchacho no pudo verle, estaba en plenos exámenes, seguramente.
 
Durante esos días en Madrid, Julián cambió su testamento y anunció a su hermano y abogado Jesús, que a su muerte habría muchas sorpresas. Se fue después a Paraguay en un viaje sin retorno camino de la felicidad. A los 63 años todavía se puede ser muy feliz con un poco de suerte. El sentía que, por primera vez en mucho tiempo, la tenía.

La moto que se lo llevó por delante el pasado 14 de mayo fue el estúpido final que acabó con los sueños de una vida simple, pacífica y sin más pretensiones que vivir lo que le quedaba de vida junto a la gente buena que le quería.

Detrás dejaba rencillas profesionales, incomprensión y mucho desencanto personal. El periodismo en el que había sido un triunfador ya no es el que se practica ahora mismo. Los que se proclaman sus amigos desde que sufrió el accidente sólo le merecían indiferencia o desprecio. De una parte de su familia no quería ni oír hablar.

Francisco Hernando, El Pocero, ofreció un día su avión para traerle, pero todo se quedó en palabras huecas. Que si averías eléctricas, que si agosto no era idóneo para viajar…

Las desavenencias familiares impidieron el acuerdo para reunir el dinero necesario que financiara el viaje, valorado en 150.000 euros. ”Que hipotequen un piso, coño”, dijo este pasado domingo el siempre comedido y prudente doctor Juan Abarca, uno de los pocos que ha luchado sincera y desinteresadamente por traerle. Ana Lago repetía ayer mismo: “Mi hermano y yo renunciamos a cualquier cosa que pudiera correspondernos, con tal de traerle a España de una vez...”.

Ahora veremos a una serie de hipócritas lamentando y llorando su muerte. Gentes, amigos, compañeros, parientes, que no le ayudaron cuando realmente los necesitaba.

Algún día podrían salir a la luz la segunda parte de sus memorias. Demoledoras. Y su testamento va a desvelar la realidad de quién era quién en su vida.

Descansa en paz, Julián, amigo y maestro.
 

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Encontrados 6 comentarios
Dice ser JOAQUIN
viernes, 04 de septiembre de 2009, 20:44
POR CIERTO COMO ESPAÑOL QUE SOY ME AVERGUENZO DEL EMBAJADOR DE ESPAÑA EN PARAGUAY QUE NO DICE MAS QUE TONTERIAS Y NO MOVIO UN DEDO POR AYUDAR A JULIAN LAGO

Dice ser JOAQUIN
viernes, 04 de septiembre de 2009, 20:42
Enhorabuena maria eugenia este es el unico articulo que dice la verdad
ya esta bien de cotilleos y de inventar tonterias y para vuestra informacion soy el unico español que estaba con julian lago cuando murio y en su velatorio en paraguay.

Dice ser rosa
sábado, 08 de agosto de 2009, 15:11
bueno, yo me pregunto si la familia hace averiguaciones al repecto de como queda el hombre quien le atropello.Por que alguna responsabilidad tendra, tambien ya se dice muchas cosas de la novia, que si es prostituta y que solo le importaba e dinero de el y que ya le habia dado lo suficiente como para no aguantarlo mas y cosas de esas, o sea lo unico que quiso de el fue su dinero.

Dice ser victoria
martes, 04 de agosto de 2009, 20:40
si la familia lo ha dejado morir lejos de su casa; pero creo que murio cerca del hogar de la familia que tenia en paraguay de la gente que lo apreciaba no por lo que tenia, creo que sus hijos querran salir ante las camara, estoy segura que la novia no, porq no espera nada, solo esperaba que la ayudaran a no dejarlo morir, por eso golpeo puertas como pude leer pidio ayuda al consulado de españa quienes tambien le dieron la espalda.

Dice ser claudia
martes, 04 de agosto de 2009, 16:41
david tiene toda la razon. ahora q esta muerto todos lloraran lagrimas de cocodrilos, son un azco todos, el q tenga la conciencia limpia q tire la primera piedra. y los hijos q se jodan. ahora lo unico q fata q empiesen a pelear x si lo entierran aqui o en py.para saber aquien le queda sus bienes.

Dice ser David J
martes, 04 de agosto de 2009, 14:48
La familia le ha dejado morir. La profesión periodística le ha dejado morir. Todos lo hemos dejado morir. Ahora veremos a su novia y "amigos" desfilar ante las cámaras echando lágrimas de cocodrilo.

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