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LA VOZ LIBRE
lunes, 27 de febrero de 2017, 18:51
¿Son peligrosos los ansiolíticos?

Con excesiva frecuencia se nos cuestionan a los médicos psiquiatras todos los tratamientos farmacológicos que empleamos. Unas veces por su supuesta capacidad para producir adicción; otras porque dicen que no curan sino que enmascaran el problema o el trastorno; otras veces por sus efectos secundarios directos, y también, cómo no, porque para algunos, los peor pensados, son solo una forma que tienen los gobiernos a través de las multinacionales del sector de manejar el cerebro humano, y por ende conseguir sujetos dóciles y pasivos ante una realidad hostil y cada vez más injusta.

Yo solo les voy a dar mi opinión personal, es decir, lo que he visto, vivido y aprendido a lo largo de mis 30 años de ejercicio como médico psiquiatra. No pretendo convencer a nadie, sino tan solo aportar una experiencia personal de cómo veo este asunto. Cada uno es muy libre de tomar o no tomar aquello que un médico le prescribe. Al fin y al cabo el beneficio o perjuicio será siempre para el paciente, no para el médico.

No se puede negar que hay una prescripción excesiva de psicofármacos y sobre todo de tranquilizantes o ansiolíticos. Y ello ocurre por varios motivos aunque esencialmente en mi opinión hay tres. El primero porque son sustancias eficaces y hacen lo que tienen que hacer, es decir, conseguir un estado de tranquilidad y sosiego en poco tiempo y de forma muy notoria.

En segundo lugar, porque se demandan mucho por el paciente/usuario al confundir la angustia y la ansiedad enfermedad con las frustraciones vitales y las adversidades que todos sufrimos en nuestro paso por la vida, y por lo tanto se busca una solución medico-farmacológica rápida en lugar de tomar decisiones y cambiar conductas, que en la mayoría de los casos serían el camino más acertado.

Y por último, porque muchos médicos al no disponer de tiempo, y a veces tampoco de formación, se “quitan de encima”, al menos de momento, un paciente incómodo que en gran medida les agobia e inquieta, al no saber cómo tratar o enfocar el problema que les está planteando.

Los ansiolíticos o tranquilizantes son medicamentos útiles y eficaces pero tienen efectos secundarios a corto y medio plazo, por lo que nunca se deben tomar a tontas y a locas. Creo que ello nadie lo puede cuestionar, pero tampoco se deben de ver como drogas poderosas capaz de anular la voluntad del sujeto y convertirlo en un muñeco a merced de su entorno. Eso sencillamente no es verdad. Los ansiolíticos como mucho pueden producir un somnolencia intensa y en el peor de los casos mezclados con alcohol, una depresión respiratoria. Ahora bien, creer que pueden ser utilizados para manipular la voluntad de las personas es un craso error.

Su poder adictivo aun siendo real, es mucho menos preocupante de lo que se piensa. No obstante conviene tenerlo en cuenta siempre y evitar su prescripción salvo que esté plenamente indicada. Claro, esto sería prioritario no solo con tranquilizantes, sino con todos los medicamentos (artificiales y naturales) existentes. Todo elemento químico puede ser nocivo/mortal en función de la dosis y del uso que se haga de él.

Lo esencial es darnos cuenta que el bienestar, y también la felicidad, no nos la va a dar nunca una sustancia ya sea legal o ilegal, natural o sintética. El bienestar es una actitud que cada uno adopta ante las circunstancias y acontecimientos que nos ocurren en nuestro devenir por la vida. Eso es lo importante, saber que mi felicidad y bienestar no dependen de lo que tome, sino de lo que piense.

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