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LA VOZ LIBRE
lunes, 12 de diciembre de 2016, 08:30
Caso Nadia: ¿timo o realidad?

Como médico, estoy acostumbrado a lidiar, por gajes del oficio, con el dolor del ser humano. Atiendo como psiquiatra a mayores, menores, a padres e hijos, y es muy complicado crear una coraza tan férrea que no se vea traspasada por la empatía hacia el que sufre. Es tan necesario, en mi trabajo, ese nivel de complicidad con el paciente como la distancia suficiente para no dejar que la emoción controle a la razón, y en consecuencia, dejar de actuar como un profesional. Con los niños y los ancianos, la coraza se hace más débil, y existe una tendencia natural a la protección, a la ayuda a los seres que consideramos biológicamente más débiles, más necesitados de cuidado, sea en el amanecer o en el ocaso de la vida.

En las últimas horas, hemos conocido el ingreso en prisión del padre y la retirada de la guarda a la madre de Nadia, una niña que padece tricotiodistrofia, una enfermedad de las llamadas "raras", es decir, estadísticamente muy limitada, de carácter genético, y que produce síntomas de carácter dermatológico y neurológico, esencialmente. No es, en la mayor parte de los casos descritos, mortal. Sobre esta base, la real, y siempre desde la más exquisita veneración a la presunción de inocencia, los padres de la menor están siendo investigados por un posible delito de estafa, amén de otros que puedan dilucidarse en la tramitación de la causa.

El problema radica, esencialmente, en la cantidad de dinero, apoyo y solidaridad que la causa de la menor, verdadera víctima entonces y ahora, ha suscitado, y que produjo una movilización de los medios de comunicación y de muchas personas populares, que con su mejor intención, se brindaron a dar a Nadia apoyo, a colaborar con la recogida de fondos, para un presunto tratamiento en Estados Unidos, en Houston, en un hospital que ahora ni siquiera parece existir. El padre de la menor ha venido a reconocer públicamente, antes de su detención, que había exagerado la situación de Nadia por miedo a su muerte.

En esta tesitura, en primer lugar, es venturoso hacer juicios anticipados, esencialmente, porque la prueba de la conducta presuntamente delictiva es compleja, ya que ha de acreditarse la existencia de ilicitud penal en esas exageraciones y fabulaciones, de forma que se les considere el factor motor de las donaciones y actos de liberalidad recibidos.

Pero, más allá del plano puramente jurídico, estremece reflexionar en el plano psíquico, sobre lo humano y no tan técnico. En primer lugar, qué influencia ha podido ejercer en esta menor, en Nadia, el hecho de su sobreexposición mediática, que se justificaba por su situación de necesidad de ayuda, pero que, en líneas generales, resulta contraria a su mejor interés como menor.

En segundo lugar, cómo se instrumentaliza a los medios para estos fines. Cuando hoy en las redes sociales se criticaba a los periodistas, entre ellos, a mis queridos compañeros de 'Espejo Público', achacando falta de rigor o de contrastación, me resultaba impactante, en tanto que yo mismo, que ejerzo desde 1980 como médico, no me considero inmune a que un paciente me pueda engañar, incluso hacerme partícipe de síntomas que refiera tener y que, aún no siendo estrictamente los descritos por los manuales, me resulten plenamente creíbles. Cómo contrastar y verificar una patología de una niña cuando unos padres se presentan desesperados, pidiendo ayuda a los cuatro vientos. Resulta de un oportunismo repugnante el intentar hoy dar lecciones de periodismo, desde la comodidad de la red social de turno, cuando cualquier persona habría actuado de forma semejante, y máxime cuando, por mucha verificación que se pueda hacer, si alguien pretende estafar, urde una apariencia de realidad que no es siempre fácil enervar.

Lo que más me duele, y lo digo como investigador universitario, es el daño inmenso que esta clase de episodios producen en la solidaridad y mecenazgo para la conocimiento y tratamiento de enfermedades. Como sucede cuando una determinada asociación o ONG comete irregularidades, el precio de estas conductas lo pagarán muchos enfermos, que gracias a la codicia y la más absoluta desaprensión, la de mercadear con algo sagrado como es la salud de un hijo, han hecho su particular tournée televisiva.

Ojalá todo se aclare, y no olvidemos que los pecados de los padres nunca lo deben sufrir los hijos y que, por tanto, esa niña, Nadia, sigue estando necesitada, quizá hoy mucho más, de una atención y un cariño que nadie le debe negar. La mejor noticia, sin duda, es que si, como se señaló por su padre en declaraciones a 'Espejo Público', se exageró sobre su estado, felizmente goza de mejor salud, dentro de su enfermedad, que la que se nos presentaba. Por todo lo demás, como padre y como profesional, no puedo sino sentir profunda tristeza.

> En la imagen, Nadia y sus padres.

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