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LA VOZ LIBRE
jueves, 13 de octubre de 2016, 10:03
La condición humana, la libertad y el derecho

Los seres humanos no somos libres. Ni lo somos socialmente, ni mucho menos lo somos biológicamente, ya que todos, absolutamente todos, tenemos una serie de limitaciones o condicionantes que olvidamos, quizá por ser este un mecanismo de defensa y, también, una forma de autoengaño para proseguir en esta tarea que llamamos vida.

Por eso, porque tenemos unas pautas de conducta homogéneas a pesar de la llamada disparidad cultural, no es difícil prever lo que puede ocurrir cuando el animal llamado genéricamente humano no es reprimido o sometido a una educación social, y en su caso también, a la norma jurídica, no en balde el derecho es una manera de organizarnos y conseguir la paz social. Cuando no funciona la represión a través de la educación familiar primero, el “ius puniendi” del estado después, y todo ello envuelto por una moral o ética social, lo que aparece es el desorden, la anarquía, y en suma el caos.

Somos animales y tenemos unas limitaciones inherentes a lo que se ha dado en llamar “condición humana”. Si no existe un freno legal o un reproche social, el animal humano se desinhibe y pretende conseguir, si hace falta a través de la violencia y agresividad, aquello que desea o apetece. Esto ocurre mucho más en nuestra especie que en otras dada la evolución de nuestro cerebro, lo que nos permite idear o crear comportamientos más sofisticadas y por lo tanto, según los casos, también más crueles, peligrosas y dañinas.

Las reglas que nos hemos dado son limitadas, a veces también inadecuadas, puede que en algunos casos deban ser cambiadas, pero son útiles para evitar desmanes y sobre todo para impedir que reine una injusticia mucho mayor que la que pretenden combatir aquellos que las destruyen saltándose a la torera ciertos principios jurídicos básicos.

No es saludable quebrar el imperio de la ley, si se hace nos exponemos a un crecimiento exponencial de la violencia y al aumento ilimitado de la sinrazón. Si las normas que nos hemos dado no se cumplen, si no respetamos a los árbitros (jueces y tribunales) de este partido que es la vida, estamos avocados al enfrentamiento directo entre la ciudadanía.

Si no hay derecho, o si este no se respeta, cada uno acabará “tomando la justicia por su mano” y eso es lo más peligroso que puede haber, ya que la consecuencia es la involución y el enfrentamiento. Si las normas y reglas del juego no se cumplen y si el estado no las impone, el final es el uso de la violencia a nivel individual como una forma retrograda e inadecuada de convivencia.

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Dice ser Yo mismo
viernes, 21 de octubre de 2016, 01:30
Lo del hombre es un lobo para el hombre ya se dijo hace algunos siglos y hay muchas otras visiones filosóficas que niegan este extremo desde hace también varios siglos. Se nos ha quedado usted un poco atascado...

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