Esto del pacto fiscal es un nuevo artefacto que la derecha catalana nos ha dejado como un regalito encima de la mesa, para ver si picamos. Un caramelo envenenado. La izquierda catalana, y tras ella posiblemente la española, está a punto de hincarle el diente, con lo cual nos va a estallar en la cara, y quedaremos otra vez corridos y apaleados. Espero que la sólida intelectualidad de la izquierda esta vez esté al loro, y no se deje meter un gol que, al parecer, ya está cantado.
El pacto fiscal parte de una tesis equívoca, deliberadamente equívoca. Dicen: “los catalanes pagamos más que el resto de españoles". Y es cierto. Pero también es cierto el juicio contrario: “los catalanes pagamos igual que el resto de españoles”. ¿Cómo es posible que dos frases contrarias sean ciertas a la vez? Los catalanes, pagando igual que todos, pagamos más que nadie. ¿Cómor? La explicación es fácil: porque todos pagamos según nuestro nivel de renta. Si el nivel de renta de los catalanes es más alto, el conjunto de los catalanes paga más. Evidente. Si todos pagamos igual, cada uno de acuerdo a nuestra renta, los grupos de mayor renta pagan más. Pagan más los médicos, los ingenieros, los empresarios, porque son grupos de renta mayor que los oficinistas, los barrenderos, los jornaleros del campo, o los parados. Y nadie se plantea que los ingenieros deban pagar menos. Todos igual, todos según su nivel de renta.
Por la misma razón, los territorios pagan más unos que otros, aun pagando todos (los individuos) por igual, porque los habitantes de un territorio tienen más renta que los de otro. Es decir: un andaluz rico paga igual que un catalán rico, y un andaluz pobre paga lo mismo que un catalán pobre, pero Cataluña paga más que Andalucía. ¿Por qué? Porque en Cataluña hay más ricos, y en Andalucía hay más pobres. Para que Andalucía y Cataluña paguen igual, hay dos caminos: opción uno, hacer que los ricos paguen menos y que los pobres paguen más. O bien, opción dos, igualar las rentas de Andalucía y Cataluña: que haya tantos ricos en Cataluña como en Andalucía, que todos cobremos igual y ganemos lo mismo. Al primer camino se le llama también “pacto fiscal”. Al segundo, utopía.
El engaño está en presentar “los catalanes pagan más” como una injusticia, algo que corregir. Hay que acabar la frase: “los catalanes pagan más, porque pagan igual”. Qué lío. Todo el equívoco se basa en que “los catalanes” significa dos cosas: el conjunto de catalanes y cada uno de ellos. Podríamos usar “Cataluña” para el conjunto de catalanes, y “los catalanes” para cada uno de ellos. Con lo cual tendríamos: “Cataluña paga más, porque los catalanes pagamos igual que el resto.” Eso es justo. Lo injusto sería que Cataluña pagara igual, porque eso significaría que los catalanes pagarían menos que los demás.
Como suele suceder, la derecha utiliza a la patria para sus intereses de clase. Los burgueses catalanes quieren pagar menos impuestos: pura insolidaridad. Y para ello reclaman la solidaridad patriótica del resto de catalanes, “fent pinya”. La izquierda no debe llamarse a engaño: el llamado pacto fiscal entre Cataluña y España tiene trampa, es más reaccionario que Pío Nono. Nos convocan bajo las cuatro barras, total para que los ricos de Cataluña paguen menos. No lo conseguirán, claro. Pero la izquierda catalana no debe hacer el panoli. Otra vez no. Impuestos progresivos e iguales para todos. Eso es una conquista social, a nivel del Estado. En todo caso, si hay que cambiar el sistema fiscal, que sea ampliándolo a nivel europeo, no restringiéndolo a nivel regional.
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