“El ser se dice de muchas maneras”, decía Aristóteles. La misma palabra sirve para decir muchas cosas diversas. Una de esas palabras equívocas es 'catalán', y su uso se presta a no pocas confusiones, a veces interesadas.
Por ejemplo, 'catalán' designa la lengua que se habla desde el Rosellón a Alicante; pero a la vez es el hablar propio de Cataluña. En este segundo sentido podemos oponer catalán-valenciano-balear. Por lo tanto, si decimos “el valenciano es un dialecto del catalán”, también se debería poder decir “el catalán (sentido-2) es un dialecto del catalán (sentido-1)”. O deberíamos poder decir “el valenciano es tan buen catalán (sentido-1) como el catalán (sentido-2)”.
'Catalán' es un sustantivo y designa la lengua catalana. Pero también es adjetivo y significa 'de Cataluña'. Si el castellano actualmente es una lengua de Cataluña, o sea, si no es extranjero, significa que es catalán. Por lo tanto, podemos decir que “el castellano es catalán”. Si hablo en castellano, estoy hablando 'en catalán'. Puedo decir que siempre hablo en catalán, aunque a menudo hable en castellano. Igualmente podría decir que, si el catalán es una lengua española, tal como dice la Constitución, cuando hablo en catalán estoy hablando 'en español'.
'Catalán' significa habitante de Cataluña. No tengo ninguna duda en calificar de catalanes a mis vecinos árabes, aunque legalmente sean extranjeros. 'Catalán' significa también ciudadano de Cataluña, los que podemos votar. También significa un nativo de Cataluña, en oposición a los nacidos fuera. Finalmente, sirve para designar a los que hablan catalán, en especial si la tienen como lengua materna, no aprendida. Según estos cuatro sentidos, los catalanes (habitantes) se dividen en extranjeros y catalanes (ciudadanos). Éstos se dividen en forasteros y catalanes (nacidos en Cataluña). Éstos se dividen en castellanos y catalanes (catalanohablantes). Vaya lío.
Por razones de higiene lingüística, habría que clarificar todos estos significados, inventando palabras nuevas, si hace falta, para designar cada cosa con precisión. Nos ahorraríamos conflictos gratuitos, como el de la lengua de Valencia. Y sobre todo, nos ahorraríamos frases bárbaras, cargadas de sectarismo, como la que se oye a menudo: “Si eres catalán, habla catalán”. Su equivalente “si eres español, habla español”, por suerte, ya no se oye apenas.