Si la definición de 'lengua propia' fuese una mera descripción, no pasaría nada. Su uso sería inocente, no produciría ninguna discriminación. Pero, tal como se la utiliza en la normativa de la actual Generalitat, la idea de 'lengua propia' es la base teórica de la desigualdad. Se dice: las dos lenguas son oficiales, pero sólo el catalán es propia. Entonces, es justo que sea preeminente, hegemónica, la única lengua de uso público.
Eso es sectarismo puro. Yo no veo por ningún lado que del título de lengua propia se derive ninguna prioridad. Ni que pueda tener ninguna trascendencia jurídica relevante. Más bien me da la impresión de lo contrario: que para justificar una 'prioridad social necesaria' se echa mano de la idea de lengua propia. Eso es un uso perverso de las ideas: utilizarlas como una justificación a posteriori de una situación de hecho, de un statu quo de privilegio.
Me quedo atónito al ver cómo esta terminología no ha sido impugnada desde ninguna posición intelectual catalana. ¡Si es un concepto que hace aguas por todas partes! Para empezar, si el catalán es la lengua propia de Cataluña, significa que lo es de los catalanes. Si no, ya me diréis qué cosa es Cataluña. Eso comportaría que la mitad de catalanes tenemos una lengua materna diferente de la lengua propia. Y eso, ¿cómo se come?
En segundo lugar, lo de la lengua propia de un país me parece una (mala) copia del españolismo más anticuado. En España también habría una lengua propia: el español. Eso tiene un efecto disgregador en Cataluña: el Estado propio de los castellanohablantes sería España, allá donde nuestra lengua es propia. Si los castellanohablantes somos españoles y, tal como dice la obra de Francesc Ferrer, 'Los españoles no son catalanes', la conclusión es clara: aquí somos extranjeros. Es decir, charnego, no reclames nada, que no tienes ningún derecho. Paga y calla. Y en las autonómicas, no votes. Esto no es tu casa. Esto no es tuyo.