El problema lingüístico en Cataluña no es de diglosia (una lengua materna, y otra lengua escolar). Hace cien o doscientos años sí había diglosia. Pero ahora no: ahora hay dos lenguas nativas en Cataluña: dos lenguas catalanas.
Igual que la Constitución habla de “lenguas españolas”, quizá habría que empezar a hablar de “lenguas catalanas” o “lenguas de Cataluña”. El castellano no es una lengua extranjera, ni impuesta, ni enemiga, ni facha. Es, sencillamente, la lengua primera de la mitad de los catalanes, y la segunda lengua de la otra mitad. Hay que romper con ciertas rutinas mentales, hay que acostumbrarse a estas nuevas coordenadas.
Mirado desde este punto de vista, es un derecho colectivo que haya bilingüismo oficial, en los carteles, en la administración, en la escuela, en todas partes. Mejor dicho: tendríamos que acostumbrarnos a pensar que “totalmente catalán” quiere decir “bilingüe”. Todo lo que se haga en una sola lengua es “catalán a medias”. Los bilingüistas somos catalanes del todo: más catalanes que los monolingüistas al uso.
Los que propugnan el monolingüismo, o la hegemonía del catalán, nos están haciendo un mal favor: nos pueden complicar terriblemente el futuro y la convivencia. No es aceptable aquello que me decía un “intelectual” de mi pueblo: “Jesús, bilingüe eres tú. Yo soy monolingüe”. Quería decir “tú, que no eres de aquí”. O sea: “tú, que no tienes los mismos derechos que yo”. ¡Y ese pájaro figura que es de izquierdas!
No es aceptable. Al menos, yo no lo acepto. Es evidente que, si hemos de ser monolingües, lo seremos todos: cada cual en su lengua. Es decir: el monolingüismo nos conduce a dos comunidades monolingües sobrepuestas en un mismo territorio: una situación explosiva.
La verdadera normalización, a mi entender, es el bilingüismo. Lo dice bien claro el Estatuto, que determina que la Administración ha de procurar “la igualdad lingüística”. No hemos de tener una escuela en catalán y una escuela en castellano, sino una escuela bilingüe. No una Cataluña en catalán y una Cataluña en castellano, sino una Cataluña bilingüe. Homogéneamente bilingüe: en todas partes, y en todos los niveles. Tal como lo es la sociedad.