LA VOZ LIBRE
jueves, 18 de marzo de 2010 | 
Jesús Royo Arpón
jueves, 28 de mayo de 2009, 12:26

El bilingüismo no es pecado

Jesús Royo Arpón

El bilingüismo está fuertemente penalizado por la ideología lingüística vigente, la “lingüística nacional”. “El bilingüisme és la mort del català”, se dice en las escuelas, y se pinta en las paredes. Si el bilingüismo es la muerte del catalán, la consecuencia inmediata es que quien defienda el bilingüismo puede ser acusado de “lingüicida”. Y además, si el catalán es bueno, si es la bondad misma, entonces ser bilingüista viene a ser una infamia, un crimen execrable.

Pues bien: eso no es cierto. Es un prejuicio más de los que tanto abundan sobre las lenguas. Nadie ha demostrado que el bilingüismo sea más mortal para el catalán que el monolingüismo. Lo que sí habría que preguntarse es: cómo una tesis tan poco fundamentada –y tan peligrosa– ha sidoaceptada de una manera tan general por nuestra sociedad.

Personalmente, sostengo que el bilingüismo es una garantía mejor para la supervivencia del catalán. El catalán sólo podrá sobrevivir en un contexto bilingüe, conviviendo con el castellano, y aprovechándose de la solidez del castellano. Es evidente que, si tuviésemos que ser necesariamente monolingües, si en el cerebro sólo nos cupiese una lengua, todo el mundo escogería –para sí o para sus hijos– la más útil y potente. Por lo tanto, la condición para que conservemos una lengua limitada como el catalán es que la podamos hacer compatible con otra lengua más poderosa.

Pero además, –y sobre todo– el bilingüismo es una cuestión de simple justicia. Hoy día, más de la mitad de catalanes tenemos el castellano como lengua materna. Por lo tanto, cuando decimos “lengua catalana” deberíamos precisar “cuál”. La lengua popular de Cataluña ya no es una sola lengua, como hace cien años, sino dos. Y todos los ciudadanos tienen los mismos derechos: los mismos derechos lingüísticos, también. Por lo tanto, hoy día en Cataluña el bilingüismo es absolutamente necesario, si no queremos cargarnos la igualdad de los ciudadanos: es decir, la democracia.
 

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Comentarios:

Dice ser José Miguel
jueves, 28 de mayo de 2009, 18:30
Yo lo que llevo diciendo desde siempre es que la cuestión de la lengua no se dirime en el campo de las buenas intenciones o de la lógica cartesiana. Por feo que sea reconocerlo. Lo que dice este artículo puede parecer lo más razonable del mundo. Pero no van por ahí los esquemas de la gente. Y sin capacidad de movilizar a la gente, lo único que nos espera es que la apisonadora del nacionalismo oficial nos pase por encima.
Los esquemas de la gente son muy primitivos. Me refiero a la población castellanoparlante, que es sobre la cual se ejerce la política lingüística oficial. Al fin y al cabo, 200 años después, todo lo que está pasando pone en evidencia que somos el pueblo que gritó "vivan las caenas". La gente tiene la imagen de que la población que habla catalán goza de una cierta homogeneidad en torno a un buen nivel económico y cultural, y que la sociedad que habla castellano es el pelotón de los torpes. Y en relación a sus hijos, la gente piensa que vaya vulgaridad que sus hijos hablen lo que ya sabe hablar todo el mundo. Lo que mola es que sus hijos sean buenos catalanes y pueda aparecerseles el patriarca Pujol y darles unas palmaditas en la espalda. Con lo cual llegamos a la situación de que la lengua de acceso al conocimiento y la información, que por las razones que sean es el castellano, es la lengua despreciada, la lengua a esconder y de la que avergonzarse. Y eso no es algo que practiquen los señores Montilla o Pérez Carod Rovida, o las señoras Chacón, de Madre o Sánchez Camacho porque así crean que podrán medrar mejor en el campo de la política. Es lo que se ve en los parques o a la salida de los colegios cuando uno ve a la gente llevando niños pequeños.
Al decir esto, no estoy diciendo que deberíamos revitalizar un nacionalismo español de tipo falangista. Lo que estoy diciendo es que mientras no rompamos de forma clara esa imagen de la población castellanoparlante como el pelotón de los torpes, lo único que nos espera es sufrir la apisonadora de forma implacable.

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