Algunos dicen: ya que el catalán es minoritario en la industria y el comercio, está bien que sea dominante en la escuela. Y se quedan tan anchos. Realmente, hay argumentaciones que lo único que demuestran es las ganas del argumentador a creerse cualquier cosa. Cualquier cosa que le
favorezca, claro.
Este argumento, aparentemente, es bilingüista. Viene a decir que el bilingüismo es una buena propuesta para Cataluña: pero un bilingüismo distribuido por áreas. Podríamos llamarlo un “bilingüismo a cuadros”. A la escuela le toca ser en catalán, y a la industria en castellano: así, todos contentos. Pero eso no convence a nadie. Los que justifican la escuela en catalán como contrapartida no suelen ser gente bilingüista. También querrían la industria en catalán.
La comparación con el comercio y la industria se podría contemplar perfectamente al revés: si el comercio es mayoritariamente en castellano, señal de que el castellano es la lengua del mercado, la que responde a las demandas de la gente.
Por lo tanto, la escuela ha de seguir la proporción lingüística marcada por el mercado. En una palabra: si, en referencia a la lengua, la gente compra el diario, o mira la tele, en proporción 2/1, la escuela habría de seguir fielmente
esta proporción.
O no. Concedamos que el mercado comercial no refleja exactamente a la sociedad, por inercia, o por presión externa, o por lo que sea. Pues si no está normalizado el comercio, normalicémoslo, y basta. No hipernormalicemos la escuela, para compensar. Es como si a uno que tiene un brazo cortado, le cortásemos el otro: para compensar.
Pero hay otra diferencia: la escuela es el lugar donde se producen los valores. Por eso la normalización ha preferido establecerse en la escuela. Porque es el lugar donde se fijan “las normas”, aquello que debe ser, aquello que se debe
seguir. Se trata de sancionar cuál es la lengua que se ha de hablar siempre, el catalán, y cuál es la que se habla de hecho, pero no se debería hablar nunca, el castellano. ¿No os habéis fijado en que los alumnos piden perdón cuando los
descubres hablando en castellano? Pues eso es exactamente lo que quiero decir.
La escuela ha de ser un reflejo de la sociedad. No ha de corregir a la sociedad, o al menos no en cuanto a la lengua. Porque entonces significaría que en la escuela estamos destilando unas valoraciones totalmente improcedentes. Como que, de las dos lenguas existentes, una –el catalán– es la lengua buena, la legítima, la necesaria, la verdadera: la lengua propia. Y la otra es la lengua mala, la ilegítima, la impropia. La lengua sucia.