En un artículo en homenaje a Solé Tura -'En tu nombre, Jordi'-, Miquel Roca Junyent afirmaba que, en caso de que el TC rechace el Estatut, significaría que "la ambición de Cataluña, la constitucionalmente expresada, no cabe en el marco constitucional". Y lo remacha, repitiéndolo: "Lo que se elaboró en el marco constitucional no cabría en la Constitución". Con todos mis respetos, no entiendo la frase. ¿Quiere decir que lo que es constitucional no sería constitucional? Entonces, si el Estatuto ya es constitucional per sé, ab ovo, ¿qué falta hace el recurso al TC? El señor Roca parte de que el Estatut ya es constitucional pero, ¿eso no debe decirlo el TC? Él ya sabe perfectamente que el TC es competente en la materia: lo dejó claro Francesc de Carreras. Sabe que no tiene razón, pero utiliza una argucia típica de los abogados: disparar una salva en falso para marcar el terreno de la argumentación. Los jueces suelen "descontar" esas salvas como cosa propia de la dura profesión forense.
Lo que él llama "la ambición de Cataluña", puede ser que no quepa en la Constitución. Evidente, puede que no quepa. Ni la ambición de España, ni la mía, ni la de mi primo Eufrasio. La Constitución es una fórmula de las mil posibles y, sin duda, no es la mejor. Pero da la casualidad de que es la que está vigente: las otras novecientas noventa y nueve no. Y a ella deben atenerse todas las leyes, incluido el Estatuto de Cataluña. ¿O no?
Roca Junyent es uno de los 'patres patriae' que parieron la Constitución, y nunca le agradeceremos bastante que su opción fuera ahormar el nacionalismo dentro del compromiso constitucional y que no siguiera 'la vía vasca': la de Arzallus, que, a la vez que denostaba la Constitución, conseguía privilegios de ella -el Concierto-, mediante la amenaza velada de "los chicos de la gasolina", los terroristas que jalean el árbol para que ellos, los políticos, recojan las nueces. Todo bajo la promesa implícita de 'paz por conciertos', y al final ni siquiera eso: el PNV no firmó la Constitución, obtuvo los conciertos y no desarmó a ETA. No, Roca Junyent fue la cara constructiva del nacionalismo catalán. Pero eso no le libra del marrullerismo intrínseco de todo nacionalista.
Miguel Roca debe tener una idea de la Carta Magna más bien instrumental. Quiero decir que le merece un respeto relativo, que se la puede manosear en provecho propio y a placer. En el último recurso lingüístico al TC, del año 94, él fue comisionado por Pujol para hacer las gestiones necesarias cerca de sus magistrados para lograr una sentencia favorable, tras el varapalo que había recibido del Supremo. Siempre he deseado saber en qué se concretaron esas presiones: ¿hubo cenas, fiestas, hoteles, visitas familiares, intercambio de fotos, risas, una visita guiada a Cataluña para comprobar in situ la pax linguistica del pujolismo? Yo recuerdo que escribí un artículo reclamando el bilingüismo y se me conminó a que "en estos momentos tan transcendentes para Cataluña, debíamos abstenernos de polémicas en público". El argumentario de la Generalitat era el paradigma del juego sucio, llegando a decir que "el Govern, por supuesto, nunca iría contra el castellano, la lengua común de todos los españoles". Y luego, la sentencia que se obtuvo -que sólo afectaba a tres artículos de la Ley de Normalización- se utilizó para dar por buena toda la Ley, todos los reglamentos de la Ley, y toda la política lingüística catalana. Un abuso evidente. Vivan los trileros.