LA VOZ LIBRE
viernes, 19 de marzo de 2010 | 
Jesús Royo Arpón
viernes, 08 de enero de 2010, 11:24

El artículo seis punto uno: ¿es constitucional (III)

Jesús Royo Arpón

 

El nacionalismo ha invertido infinita energía y toneladas de papel impreso a lo largo de los últimos años para justificar la prioridad del catalán en su cualidad de lengua propia. Prácticamente la revista 'Llengua i Dret' se dedica a esta misión en exclusiva. Y con escasa o nula oposición, se ha ido construyendo un edificio conceptual alrededor de la lengua propia, cuyo fruto es el redactado del actrual Estatuto. Se dice, por ejemplo, que la Administración pública debe ser siempre en catalán, porque ésa es la lengua propia de Cataluña, y a su vez, ser la lengua propia de un país significa sobre todo que es la lengua de la Administración pública. Un ejemplo claro de círculo vicioso, pero que es aceptado y repetido por políticos y académicos de todo pelaje.

Otro sofisma: se admite que, al ser el catalán lengua propia de Cataluña, es también propia de la escuela, de la Administración y las personas jurídicas -y también propia del comercio, el ocio, y por qué no, del tráfico aéreo sobre cielo catalán-. Ese razonamiento ha trascendido y se recoge incluso en las leyes de Normalización. Pero cualquier observador atento del idioma puede advertir que no es lo mismo 'propio de Cataluña' y 'propio de la escuela': son dos sentidos diferentes de la palabra propio. En un caso, 'propio de un lugar' se opone a foráneo: decimos 'propios y extraños'. En el segundo caso, 'propio de una actividad' se opone a inadecuado o impropio: las herramientas propias del albañil, etc. Decimos que 'el habla propia de los jueces es el argot forense', o que 'la lengua coloquial es impropia de los discursos parlamentarios'. ¿Quiere decirse con ello que el castellano es inadecuado para enseñar en Cataluña, con más del 60 por ciento de alumnos castellanohablantes?

Por fin, una argumentación 'a contrario'. Imaginemos una ley española que dijese que "el castellano es la lengua propia de España, y como tal, es la lengua vehicular de la escuela..." Es imaginable el escándalo que armarían todos nuestros nacionalistas: ya estoy viendo los aspavientos y autos sacramentales que se montarían al estilo de '¡esto no es un Estado, esto es un Imperio!', '¡rompemos la baraja!', '¡adéu, Espanya!'. De hecho, el castellano tiene títulos suficientes para ser considerado lengua propia de España, y de hecho ha funcionado como tal en las épocas de centralismo. Y después de todo, es la lengua materna del 80 por ciento de la población. Pero aun así, esa ley sería totalmente contraria al espíritu de la Constitución, que propone "especial respeto y protección" a "las demás lenguas españolas", que "serán también oficiales en sus respectivos territorios". Pues bien, ese error garrafal, aumentado, es el que comete el artículo 6.1 del Estatut. Aumentado, porque Cataluña es mucho más diversa lingüísticamente que España: el catalán no llega a ser lengua materna del 50 por ciento de los catalanes. Aumentado, porque mientras la Constitución habla de "lenguas españolas", para el Estatut el castellano no es "una lengua catalana", sino solamente oficial "por serlo de todo el Estado".

El modelo lingüístico del Estatut es el de la Francia unitarista del Rey Sol y la revolución. Pero ni el francés es el catalán, ni Francia es Cataluña, ni el siglo XVIII es el siglo XXI. Es un modelo que, en nuestro caso, puede generar graves conflictos en el futuro, y que tiene un final demasiado dudoso para un coste tremendo. Pero además, y sobre todo, no es compatible con el Estado de las Autonomías: no es posible una Cataluña jacobina en medio de una España basada en el respeto al pluralismo.

En la argumentación habitual para impedir la elección de la lengua de enseñanza, se habla de "no separar a los niños por razón de lengua". En el Estatut se establece (art. 35.3) "el derecho de los alumnos a no ser separados en centros ni en grupos de clase distintos por razón de su lengua habitual". 'Ser separados' implica que el alumno es objeto, no sujeto de tal separación. Así, se evoca una 'separación forzosa' o contra su voluntad. Pura perversión del lenguaje. En realidad, la elección de lengua es un derecho del que el alumno -o sus padres- son el sujeto, y la diversidad es el resultado del ejercicio de tal derecho. Sólo a la gente enemiga de la pluralidad puede contrariarle el uso del derecho a la enseñanza en lengua materna. Es como si se argumentara que "los ciudadanos no serán separados en religiones diferentes", porque el hecho de acudir cada uno a su iglesia, sinagoga o mezquita es el resultado de una separación. Esa 'cohesión social' -el argumento central que justifica la lengua única en la escuela-, ¿en qué se distingue de aquella "unidad" con que el franquismo arremetía contra los partidos políticos, o los sindicatos de clase?

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Comentarios:

Dice ser Fran de Lugo
martes, 12 de enero de 2010, 04:39
Sr Royo: Sus artículos son una fuente de inspiración permanente para muchos castellanohablantes que vivimos bajo la dura opresión nacionalista.
Siga en esta línea que nos da esperanzas en un futuro mejor.

Dice ser Luz de Vigo
lunes, 11 de enero de 2010, 03:12
Señor Fran Lago, le ruego me disculpe por haberme expresado mal. Es la rabia que me produce ver como nos imponen un idioma de manera intolerante lo que me ha hecho escribir en ese tono. No era mi intención ofenderle a usted ni a nadie.
Desde luego que me parece una idea excelente que nuestros hijos aprendan los idiomas autonómicos , pero como usted podrá comprobar fácilmente releyendo mi anterior comentario, mi queja hace referencia a que tengan que aprender EN los mismos. Es esa y no otra cosa.
Le ruego una vez más me disculpe, todos nos equivocamos.

Dice ser Fran Lago
domingo, 10 de enero de 2010, 12:37
El anterior comentario, firmado por "Luz de Vigo", parece esar intoxicado. Me parece el típico ejemplo de intolerante rabioso que no tiene argumentos y se cree que con su ironía nacionalista va a engañar al personal. Es antológico: "...que no queremos que nuestros hijos tengan que aprender en esos inútiles dialectos regionales que no habla nadie". Pocos gallegos o catalanes comparten esa idea, y si es cierto que "Luz de Vigo" piuensa eso me da profunda pena. No creo que sea así, salvo que sea una persona anormal. La gran mayoría de gallegos y catalanes no piensan que sus idiomas autóctonos sean dialectos que no los hable nadie (nadie acepta que eso sea verdad), y sólo unos pocos seres antisociales no quieren que sus hijos los aprendan. Pero una cosa en aprender gallego o catalán (lenguas que un castellano hablante puede aprender con unos pocos meses de estudio), y otra cosa es aprender EN gallego o EN catalán. Conclusión: los nacionalistas son unos impositores cobardes que al no tener argumentos ironizan y tratan de hacer pensar (a veces parece que se creen sus propias mentiras) que los que defendemos la libertad y nuestro derecho de vivir en español en españa son unos extremistas de ultraderecha que odian esos idiomas de esas comunidades. Pues ya se ve que los extremistas de ultraderecha tienen pocos seguidores en toda españa. Los que elegimos castellano no odiamos ningún otro idioma, igual que el que elige no ser católico no odia a la religión católica. Luz de Vigo, vete al psiquiatra o quítate el disfraz de vaca.

Dice ser Luz de Vigo
sábado, 09 de enero de 2010, 16:36
Sr. Royo , Bravo. Sus artículos son excelentes. Además de felicitarle le quiere agradecer el apoyo permanente que nos da a todos los castellanohablantes que no queremos que nuestros hijos tengan que aprender en esos inútiles dialectos regionales que no habla nadie.

Dice ser Kepa de Vigo
viernes, 08 de enero de 2010, 20:42
Sr. Royo: sus artículos son excelentes. Le felicito. El último párrafo es antológico. Gracias.
La revolución contra el Apartheid de Nelson Mandela (premio Nober de la Paz) creo que comenzó con la exigencia de las familias para que sus hijos fueran educados en sus lengua maternas, y no en la que imponía comoobligatoria el Gobierno de sudafrica. Y en cuanto Mandela llegó al poder dio libertad para elegir y se organizaron escuelas en diferentes idiomas, según las tribus. Y a los que pedimos lo mismo nos acusan de querer volver al Apartheid. Cuánto fanatismo en los nacionalistas de las comunidades bilingües. No quieren "getos" dentro de su comunidad pero los fomentan y los imponen dentro de España. Y los ciudadanos y su libertad les importan un pimiento. Un saludo.

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