LA VOZ LIBRE
jueves, 18 de marzo de 2010 | 
Jesús Royo Arpón
martes, 15 de diciembre de 2009, 14:35

Una de matones

Jesús Royo Arpón

 

Toda esta operación obscena que ha emprendido el nacionalismo catalán, toda esta bronca con la intención de presionar al Tribunal Constitucional, toda esta ola de editoriales, adhesiones, movimientos cívicos, hasta de cartas pastorales es, por decirlo con una palabra, pringosa. Se cargarán el Estado de Derecho, impondrán una interpretación de la Constitución que está en el borde de la legalidad, o en el borde por la parte de fuera, en frase genial de los tiempos del GAL, pero se habrán salido con la suya: forzar la realidad a su favor, dar una vuelta de tuerca para acercarse a su objetivo final, que no sé si será la independencia, pero sí sé que es lo que ya está siendo: la hegemonía social, la ventaja en el reparto del poder y del dinero, el puro privilegio de casta.

¿Qué hace todo un gobierno, el de la Generalitat, amenazando con que si no se reconoce que el Estatuto es constitucional se armará la de 'Dios es Cristo'? ¿No hay nadie que detenga esta marea reaccionaria, o al menos, no hay nadie que diga que es reaccionaria?, ¿ni que hay nada más triste que un juez comprado o acongojado, que no hay nada más digno que un juez imparcial, que no hay nada más excelso que aceptar una sentencia incluso contra tus intereses? ¿Quién está alentando el desprestigio de la institución central del Estado? ¿Se trata de gente antisistema, ácratas que buscan la destrucción del Estado? No: son nacionalistas, gente con un pie dentro y otro fuera, que respetan el Estado mientras les sirva a sus intereses, pero no dudan en cargárselo cuando no es así. Podríamos llamarles anarco-nacionalistas, pero el anarquismo me merece un respeto que me hace llamarles directamente matones.

Es el matonismo como método, tan caro al nacionalismo en general, y al fascismo en particular -doy por supuesto lo evidente: que el fascismo es una especie dentro del género nacionalismo-. Se trata de hacer ruido para evocar algo parecido a la unanimidad, estimular la bronca y el 'a por ellos' para provocar el miedo en el discrepante. Para eso, nada más eficaz que evocar una dignidad ofendida. Cuanto más digna y más ofendida, mejor. Más coartada para la bronca.

¿Por qué el matonismo, tan basto y antidemocrático, tan impresentable a los ojos del nacionalismo, resulta plausible? ¿Por qué son escasos los nacionalistas que antepongan la corrección democrática a su pasión nacional? ¿Por qué prefieren ganar, aunque sea haciendo trampa, a perder con juego limpio? Se me ocurre una razón: para ellos la nación es algo previo y absoluto y, por lo tanto, el juego democrático es sólo un camino. Así quedan justificados todos los atajos.

Los nacionalismos españoles -el español y los 'periféricos'- en el siglo XX han aprendido -¡por fin!- que el mejor camino es la democracia. El nacionalismo español, el del imperio hacia Dios, el de los cuarenta años de victoria, acabó en el ridículo más espantoso, con el culo al aire de los aires de la Historia. Los periféricos, que en su momento también tontearon con lo fascista y lo nazi, que tienen unas raíces negras de racismo y de superioridad étnica, en la dictadura aprendieron la dura lección de que la democracia es el único marco posible. Pero eso no quita que, para ellos, el marco democrático sea sólo instrumental. Ellos se deben a la Patria por encima de todo. La Patria, dicen, es anterior al Estado. Por eso, ya les va bien esa zona de penumbra donde, con tal de sacar tajada, se da por bueno el codazo, el ventajismo, la carrerilla, el 'pez al cuévano', el saltarse la cola -concierto económico-, el afrontar un juicio mientras las masas vociferan en la calle -banca catalana-, el chantaje del Majestic -Ley del catalán-.

Ahora toca la bronca al Tribunal Constitucional. Y para salirse con la suya no reparan en menudencias como la inviolabilidad de los tribunales, la división de poderes y el Estado de Derecho. Se están echando en falta más voces constitucionalistas, incluso las voces de los nacionalistas honestamente demócratas, que crean que la teórica ventaja del Estatut no vale la pena si el precio a pagar es una pérdida democrática.

 

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Comentarios:

Dice ser roger
miércoles, 23 de diciembre de 2009, 13:39
Els teus afalacs no m'impressionen, ans el contrari. Comprenc que acostumat al catanyol que ens envolta arreu se't deu fer estrany de llegir-me. D'això a dir-li arcaïtzant? Però tant se val el que en penseu els capsigranys o més ben dit, tant se me'n fot. Ara bé no tinc cap relació còsmica amb cap dels noms que has esmentat.

Dice ser Egarense
martes, 22 de diciembre de 2009, 16:39
Pel que fa al català eixut, arcaïtzant i maldestre d´Edgard (alter ego de fanderubianes, Ferran i d´altres animals virtuals), encara estic estabornit de riure amb aquesta prosa pseudopoètica i adolescent que potser et servirà per aprovar la selectivitat o per guanyar un premi literari comarcal, però poca cosa més.

Si del que es tracta és de maldar per no sé què, millor que dediquis els dies, i àdhuc les nits, a llegir més, enlloc de construir no sé quines cases o comunes (comunes de cagar s´entèn)

Dice ser Egarense
martes, 22 de diciembre de 2009, 16:21
Este artículo no necesita comentarios porque habla por sí sólo. Pero no me resisto a decir:

Que los nacionalismos vasco y catalán son una impugnación de raíz al sistema político surgido de la Transición, es decir, a la Constitución de 1978.

Que, incomprensiblemente, la izquierda española ha tenido una tolerancia con los nacionalismos vasco y catalán sin parangón en ningún país de Europa.

Que el nacionalismo no trae más libertad a los ciudadanos, sino más privilegios a los managers de la Nació.

Que más autogobierno es simplemente más impunidad: el caso Palau lo destapó la fiscalía del Estado a instancias de Hacienda; el caso Pretoria lo destapó la Audiencia Nacional…Ahora se trata de evitar que la jurisdicción “espanyola” meta sus narices en los asuntos “catalans”.

Dice ser Funny weird
martes, 22 de diciembre de 2009, 13:51
Edgar, majete, por un momento iba a disculparme por lo de cabestro regionalista, pero no lo haré por una sencilla razón: no me respondes a nada de lo que expongo, por lo que deduzco que no sabes contestarlo. Lamento que te ofenda lo de cabestro, pero no me das pistas para pensar lo contrario. Además, mi comentario está lleno de argumentos y sólo una mención despectiva. Por qué no contestas? La pregunta no era por qué se puede cambiar la Constitución, querido, sino por qué insistís en retocar la Constitución y no aceptais hacerlo con el Estatut. Y ya que parece que sabes de leyes, ¿te suena lo de Ley de Leyes? ¿Qué rango jerárquico tiene cualquier estatuto de autonomía con respecto a la Consitución? Si la Constitución es solo una ley, el Estatut qué es? ¿Por qué no pasaría nada por cambiar la Constitución y se produciría una fractura social si el Tribunal Constitucional mueve una coma del Estatut?
Por cierto, esos que no quieren vivir con España son los millones y millones que votaron en los referendums de juguete del otro día??

Dice ser pere poma
sábado, 19 de diciembre de 2009, 23:05
Para Edgar y demás: sugieres que es el resto de España la que origina todo. Te recuerdo que el Estatut viene a decirle al resto de españoles que Cataluña no quiere saber nada de ellos, que son como unos extranjeros mas, que como mucho "aceptan" convivir con ellos siempre que sea Cataluña la que dicte las leyes ("confederacion asimetrica"). ¿ te extraña que el resto de España no le guste ?. A mi no.

Es fácil de entender, en la Transición la simpatía por Cataluña y el catalán eran generales en toda España.
Cataluña era admirada y querida como avanzadilla de libertad. Con el tiempo, la deslealtad flagrante de los politicos catalanes hacia el pacto de convivencia ha tenido su efecto. Quien origina conflictos es el Estatut y el nacionalismo.

Lo que dice "funni" me parece correcto, el nacionalismo catalán desprecia mi lengua propia, desprecia mi país, desprecia mis derechos individuales, me impide expresarme con libertad en ciertos ambientes por haber imbuido en la escuela sentiemiento de odio hacia el discrepante...esto es lo mas grave, la FEN Formación del Espiritu Nacionalista en la escuela catalana genera jóvenes con odio hacia el discrepante. Lo podemos comprobar en otros comentarios. Me parece cercano a la realidad el calificativo de funny.

Nacionalistas, parece que ganareis con vuestros metodos barriobajeros, pero vuestro pequeño pais se irá empobreciendo engreido de soberbia y mirandose el ombligo y miserable a ojos de cualquier observador imparcial.

Mi desprecio mas absoluto hacia vuestra incultura.

Un catalán de otra Cataluña. Visca la Constitucio y visca el bilingüisme.

Dice ser Edgar
sábado, 19 de diciembre de 2009, 20:19
Bueno, parece que con la petarda también se hará difícil convivir.
Pais...

Dice ser petarda
sábado, 19 de diciembre de 2009, 18:50
Catalufos de mierda, hablad en cristiano y se os responderá.

Dice ser roger
sábado, 19 de diciembre de 2009, 14:36
Deu ser part d'éssers matussers la capacitat de veure reflectides i àdhuc augmentades en llurs enemics la majoria de llurs propis defectes. La contrapart també es dóna , essent de vegades fins i tot més perillosa si parlem de societat primitives on sovint l'afectat és digerit , literalment parlant, pel propi rival delitós d'assumir-ne totes les virtuts.
A l'espanyol li succeix molt aquest fenòmen, la primera part sortosament , és clar. Fenòmen , tot i que freqüent, desconec si la psicologia li ha posat encara nom. Altrament el meu suggeriment seria la de sindrome de l'espanyol, fins a trobar-ne un de millor, com va passar antigament amb la sífilis.
Quina mena d'alterament cognitiu pot portar a un ésser suposadament intel.ligent - amb en Royo tinc greus dubtes- a escriure tantes bajanades sino fos pel sol propòsit d'emmerdar la troca o d'omplir pàgines que tinguin cert ressò entre gent de pòques llums?

Dice ser Edgar
viernes, 18 de diciembre de 2009, 22:44
Para Funny weird. Parece que algunos no pueden superar el nivel del insulto personal, en lugar de debatir con argumentos. Como me siento aludido, antes de responder, voy a lo del insulto. Me (nos) has llamado "cabestro nacionalista" sin tener ni idea de a quién te diriges. No soy catalán. Ni siquiera soy español (sic, ahora ya puedes ir directo a la yugular, supongo). Debo ser uno de esos "charnegos agradecidos", que dice el autor del artículo. Si es así, lo soy y a mucha honra.
Preguntas por qué hay que cambiar la Constitución. Nadie dice que "hay" que cambiarla. Sólo que hay que aceptar que "puede" cambiarse. La constitución no es nada más que una ley. La más importante como norma de convivencia. Pero sólo es una ley, un texto, acordado por un colectivo de personas, en un contexto determinado.
Al cabo de 30 años, una sociedad evoluciona. Y por lo tanto pueden cambiar las normas que rigen su convivencia (incluso es deseable que lo hagan).
Ahora bien, dices "a vuestro antojo" ¿de quién? ¿quién quiere cambiarla? Nadie ha dicho eso. Lo único que estamos viendo es que, gracias a los nacionalistas españoles, (los "otros cabestros", para seguir con tu terminología), cada vez hay una parte más importante de la población en Catalunya que llega a la conclusión de que la deseada convivencia (plasmada en el Estatut), no es posible. "Esa" España no la acepta.
Pues bien, con "esa" España, nadie quiere convivir.

Dice ser Funny weird
viernes, 18 de diciembre de 2009, 13:50
Roger, no sé si lo tuyo es poesía o tontería sin remedio. Chico, ver la relación entre la Falange y Ciudadanos por el apellido de sus representantes es un poco endeble. Si es todo lo que se te ocurre, lo siento por ti. En vez de patrias en peligro y coincidencias onomásticas, busca razones, razonamientos, ideas racionales, en las que basar tus críticas. Hasta entonces, no haces más que el ridículo.
Un consejo: lee.

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