DIEGO ROMERO
Tras un año de esfuerzo plagado de disgustos -la gripe A, el paro y las guerras lingüísticas- los españoles aprovechamos el buen tiempo y sacamos una forzada sonrisa para las vacaciones. Muchos de nosotros ya las hemos disfrutado, otros lo están haciendo y unos pocos están a punto.
Los destinos que se elijen pueden llegar a ser de lo más variopinto, pero en lo que coincidimos es en utilizar el transporte aéreo por su comodidad, rapidez y, cada vez más, por su precio. Y es que viajar con las compañías ‘low cost’, es más fácil cada día. Sin embargo, no se confíen, ya que no es oro todo lo que reluce.
Las compañías ‘low cost’, y entre ellas la irlandesa Ryanair, no sólo le harán esperar interminablemente, le cancelarán su vuelo o perderán sus maletas, sino que cuando quiera reclamar no tendrá posibilidad de hacerlo.
Ryanair no sólo ahorra en papel -al no emitir billetes-, sino que carecen de hojas de reclamación en sus dependencias del aeropuerto madrileño de Barajas.
Privan de un ejemplar del Reglamento 241/2004, aprobado por el Parlamento Europeo y el Consejo de las Comunidades Europeas, ley que afecta a todos los ciudadanos de la Unión Europea, y que informa de los derechos frente a las compañías aéreas. Su puesta a disposición a los pasajeros es de imperativo legal.
Las ‘low-cost’, para sorpresa de muchos, no sólo deniegan la posibilidad de conocer los derechos. También cuando el equipaje es extraviado o dañado, la compañía no se responsabiliza si el país de destino coincide con el de residencia del pasajero. Esta norma ni siquiera aparece en las condiciones generales de contratación. Además, son contradictorias con la Convención de Montreal de 1998, y sus homólogos en derecho comunitario, el Reglamento 2027/97 modificado por el Reglamento 889/2002). Conozca sus derechos aquí: Reglamentos Comunitarios.
La próxima vez que viajen no pierdan ocasión de leerse la letra pequeña de las condiciones de la compañía y comprobarán que, como dice el tópico, lo barato sale caro.