LA VOZ LIBRE
miércoles, 17 de marzo de 2010 | 
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martes, 27 de octubre de 2009, 14:11

El desequilibrio del PNV en el pacto

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PABLO YÁÑEZ GONZÁLEZ

Tuve la ocasión el otro día de escuchar a una persona a la que tomo como referente de la vida política aludir a la teoría del equilibrio en los juegos, de Nash, para hablar del pacto político como un fenómeno proclive a la deslealtad.

A la vez que la comparación dejaba en mi mente el planteamiento de Nash, la actualidad política del fin de semana encontraba como eje la celebración del 30 aniversario del Estatuto Vasco y la consiguiente ausencia en el acto del Partido Nacionalista Vasco.

Hace treinta años se aprobó el llamado Estatuto de Guernica como norma institucional básica para la Comunidad Autónoma Vasca, que se reconocía así estructurada orgánicamente en el Estado Español. El texto, resultante del consenso logrado en las negociaciones entre el PNV y la UCD, otorgaba, en los límites de la recién aprobada Constitución Española, unas cuotas de autogobierno para Euskadi, que podemos considerar máximas, y sin comparación, a día de hoy en toda Europa.

Un pacto el vasco, que el PNV firmó libremente, refrendado por la sociedad vasca mediante una consulta popular, y que vinculaba por tanto en el tiempo a las dos administraciones bajo criterios de lealtad, con el objetivo que ambos entendían cumplido, de otorgar a los vascos el mejor sistema político posible para su desarrollo y convivencia.

Interpretando el “equilibrio de Nash” alejados de la esfera matemática, acercándonos al pacto político, ése que en 1979 parecía satisfacer a todos, en el País Vasco lo que se vive es fruto de un acto de deslealtad al pacto, intrínseco al nacionalismo, y que impide como decía el matemático estadounidense, la ganancia máxima común.

El Partido Nacionalista Vasco no celebra el estatuto porque hace años que fue desleal al mismo, hace tiempo que su incapacidad para admitir el beneficio máximo le hizo traicionar lo firmado. No hay pacto de ganancia común con quien se empeña en romper con todo por lograr un poco más.

Quienes en 1994 entregaron el Premio Nobel de Economía a Nash, jamás habrían podido pertenecer al PNV, ni ser nacionalistas. Pero acertaron, y eso es lo que lleva a quienes creemos en el pacto a celebrar y a defender lo que nos une, ante quien se manifiesta con los violentos sin admitir que se quedan solos ellos, y con Nash, nosotros.

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Comentarios:

Dice ser Carmen
jueves, 29 de octubre de 2009, 07:23
Hay que cambiar la Ley Electoral para que esta gente desleal, como son todos los nacionalistas, no pueda tener representación en las Instituciones.

Dice ser Cris
jueves, 29 de octubre de 2009, 04:25
Creo que el nacionalismo autonómico nos está haciendo perder energías. Son una continua traba a la gestión, los presupuestos, etc. Realmente la descentralización es buena en niveles intermedios de gestión pero no, por ejemplo, con trasferencias como la Enseñanza.

Dice ser Hekk Zix
miércoles, 28 de octubre de 2009, 19:23
Lo que dices está muy bien pero por lo que he investigado Pareto tendría algo que decir al respecto ¿no?.
¿Realmente es tan incomprensible la traición para lograr el beneficio propio? Creo que la finalidad que persiguió (pretérito perfecto) el Estatuto de Guernica, como bien dices, fue el de lograr un estado de equilibrio. Sin intentar analizar si lo logró y dando por hecho que sí, ¿por qué, tras un período de reforzamiento, se debería mantener un pacto con el ENEMIGO (no olvidar que, más allá de los razonamientos, para un nacionalista España es el Enemigo) que mantiene de por siempre un estado cero en el que no evolucionar de forma perceptiva? El principio de la ganancia es aceptar los riesgos mínimos necesarios buscando la mejora en la situación ¿entonces?
Espero que la lealtad no sea esgrimida por nadie que intente hablar de política de forma seria y sincera (si la sinceridad es posible en la política) pues es posiblemente la primera norma de la supervivencia "Se leal a ti mismo", en su más profundo significado.
Realmente me parece más correcto verlo así: Estamos educados para negar los conceptos de guerra y confrontación y definirlos como todo lo indeseable de la humanidad, pero la realidad es que existen. El odio existe ha existido y existirá (al menos hasta donde podamos mirar) y de forma realista, el conflicto con Vasconia no iba a desaparecer dejando pasar tiempo tras Guernica... ellos mantuvieron su enfrentamiento muy presente mientras el gobierno central postergaba soluciones para mirarse a los pies así que ¿de quién es la culpa: de aquel que va a la guerra para crecer o del que se relaja como la cigarra para disfrutar del presente?

Dice ser bilbao
martes, 27 de octubre de 2009, 23:56
Los independentistas cubre etapa a etapa, paso a paso, no esperemos una secesión, sino más bien una erosión continuada hasta conseguir que los propios españoles digamos: "iros de una puta vez, no os aguantamos más". Para entonces habrán acabado con nuestra economía.

Dice ser zgza
martes, 27 de octubre de 2009, 16:29
El PNV tiene un fin: la independencia. Por el camino ha de llevarse el batín más grande posible, antes de romper amarras. Los nacionalismos españoles (el vasco, el gallego, el catalán y ahora también el cacico-nacionalismo-insularista canario) se debaten entre mamar de la ubre del Estado y valérselas po sí solos. Como esto último es caro quieren que el resto de España les financien sus gloferías y traiciones. Vamos, es como si tu compañera te engaña con otro y antes de salir de casa te piede el dinero para pagar el hotel de los cuernos. (Para los/las suspicaces: he dicho compañeraporque soy hombre. Pero el ejemplo sirve cambiándole el género).
Saludos.

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