PABLO YÁÑEZ GONZÁLEZ
Tuve la ocasión el otro día de escuchar a una persona a la que tomo como referente de la vida política aludir a la teoría del equilibrio en los juegos, de Nash, para hablar del pacto político como un fenómeno proclive a la deslealtad.
A la vez que la comparación dejaba en mi mente el planteamiento de Nash, la actualidad política del fin de semana encontraba como eje la celebración del 30 aniversario del Estatuto Vasco y la consiguiente ausencia en el acto del Partido Nacionalista Vasco.
Hace treinta años se aprobó el llamado Estatuto de Guernica como norma institucional básica para la Comunidad Autónoma Vasca, que se reconocía así estructurada orgánicamente en el Estado Español. El texto, resultante del consenso logrado en las negociaciones entre el PNV y la UCD, otorgaba, en los límites de la recién aprobada Constitución Española, unas cuotas de autogobierno para Euskadi, que podemos considerar máximas, y sin comparación, a día de hoy en toda Europa.
Un pacto el vasco, que el PNV firmó libremente, refrendado por la sociedad vasca mediante una consulta popular, y que vinculaba por tanto en el tiempo a las dos administraciones bajo criterios de lealtad, con el objetivo que ambos entendían cumplido, de otorgar a los vascos el mejor sistema político posible para su desarrollo y convivencia.
Interpretando el “equilibrio de Nash” alejados de la esfera matemática, acercándonos al pacto político, ése que en 1979 parecía satisfacer a todos, en el País Vasco lo que se vive es fruto de un acto de deslealtad al pacto, intrínseco al nacionalismo, y que impide como decía el matemático estadounidense, la ganancia máxima común.
El Partido Nacionalista Vasco no celebra el estatuto porque hace años que fue desleal al mismo, hace tiempo que su incapacidad para admitir el beneficio máximo le hizo traicionar lo firmado. No hay pacto de ganancia común con quien se empeña en romper con todo por lograr un poco más.
Quienes en 1994 entregaron el Premio Nobel de Economía a Nash, jamás habrían podido pertenecer al PNV, ni ser nacionalistas. Pero acertaron, y eso es lo que lleva a quienes creemos en el pacto a celebrar y a defender lo que nos une, ante quien se manifiesta con los violentos sin admitir que se quedan solos ellos, y con Nash, nosotros.