JORGE CAMPOS*
Un año más, la Fiesta Nacional de España se celebrará en todo nuestro país. Un día para conmemorar, para celebrar en familia y para homenajear a nuestros caídos, especialmente, a los miembros de la Guardia Civil y de las Fuerzas Armadas, que sirven a esta gran nación y lo que representa, quizá hoy más que nunca, frente a los nacionalismos totalitarios: la libertad.
Un '12 de Octubre' es una verdadera 'Diada Nacional', no como otros días de fiesta autonómica o regional elevados a la categoría de nación. Nacioncillas con aspiraciones. Con aspiraciones al fracaso.
Celebramos un Día de la Hispanidad sumidos en una profunda crisis. Gracias a un modelo de Estado autonómico que es coautor de esta situación con un nivel de ineficiencia, despilfarro y corrupción, único en el mundo. Todo multiplicado por 17 taifas autonómicas, cientos de miles de funcionarios haciendo lo mismo -sobran unos dos millones-, inventando y controlando 17 normativas diferentes, 17 sistemas informáticos, 17 de todo, y con un mercado fragmentado en 17 parcelas independientes. Un desastre para la productividad y la eficiencia. Y al frente del tinglado, un cortejo de indocumentados nombrados a dedo con carné del partido y con el mayor nivel de corrupción de la historia de España.
Las CC.AA. consumen el 60 por ciento del gasto público, el triple del neto del Estado: 177.000 millones de euros. Estoy de acuerdo con aquello de que las autonomías acercan la Administración al ciudadano, concretamente al bolsillo del ciudadano.
Con este panorama vamos a celebrar el '12 de Octubre'. Pero no todo es dirigirse sin remedio al abismo. Cuando el 'sistema' falla en los aspectos apuntados, una sociedad civil fuerte, que no dependa del Estado, es fundamental para la consolidación de una sociedad democrática, estable, libre y responsable. Una sociedad civil que asume una responsabilidad, que los partidos políticos parecen incapaces de asumir.
Aún nos queda mucho camino por recorrer hasta llegar a vertebrar una sociedad civil como la americana. El ejemplo de los Estados Unidos en cuanto a volúmenes de participación y donación, sin duda se constituye en un desafío para la realidad española. Aun así, grandes movimientos cívicos han surgido en España. Y en Baleares, el Círculo Balear (CB) aglutina y encauza la mayoría de las reivindicaciones de la ciudadanía con múltiples actos, denuncias, reclamaciones, y campañas cívicas para conseguir que el poder político sirva a la ciudadanía y no a sí mismo.
Tenemos el ejemplo más reciente de que la sociedad civil está asumiendo un importante, decisivo y necesario papel en nuestra democracia en la manifestación que convocamos el pasado 30 de mayo en Palma a la que asistieron más de 20.000 personas. Una protesta contra la aplicación de políticas lingüísticas excluyentes que corroen la única garantía de futuro a la actual crisis económica, estructural y de valores: la educación. Políticas de trascendentes consecuencias para todo nuestro sistema jurídico, político y social. Invertir en Educación es invertir en futuro.
Mientras llega el momento de salir de nuevo a la calle, comprobamos como va calando en algunos partidos políticos el mensaje defendido por el CB: desde la regeneración democrática hasta la libertad lingüística, pasando por el refuerzo de una España que necesita reformas en profundidad, sentido común y no tener que estar sometida al constante chantaje de las minorías nacionalistas. Y ello se consigue desde la unidad.
Sigamos demostrando que el pueblo español está vivo y que no tenemos por qué amilanarnos ante las bravatas nacionalistas de unos pocos que, además, viven de ello, engrandecidos por la irresponsabilidad de unos políticos que han primado su interés particular y de partido sobre el general de un gran país como el nuestro. Celebremos con orgullo nuestra Hispanidad y demostremos, desde nuestra querida tierra balear, que somos una España viva.
(*) Jorge Campos es presidente de Círculo Balear.