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LA VOZ LIBRE

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Luis Fernández del Campo

Luis Fernández del Campo

Consultor Social Media
viernes, 22 de mayo de 2015, 11:41
El tiempo de nuevos políticos, que no novatos

¿Queremos realmente que nuestros políticos sean 2.0? ¿Y que los ciudadanos sean políticos?

En este país en que vivimos, reina una doble moral ante quienes dedican parte de su tiempo a la política, tanto como cargos electos o como miembros de algún partido.

Por un lado, la ciudadanía dice que quiere políticos humanos, que dialoguen con sus representados, que no sean profesionales de la política sino ciudadanos que desempeñan una función política, que no se comporten como casta, que no hablen todo el día de lo mismo, que utilicen las redes sociales para dialogar y no para emitir comunicados, etc.

Pero luego se crucifica a los profesionales y empresarios que muestran claramente su opinión política (salvo que coincida con la propia del criticador), y a aquellos políticos que comparten sus opiniones, mezcladas con otros temas de índole profesional o incluso sus hobbies. ¿Qué queremos: políticos profesionales o profesionales metidos en política? ¿Por qué no respetamos que cada uno exprese libremente sus opiniones políticas sin que interfieran en su vida profesional, y viceversa?

Estamos acostumbrados a oír hablar de “casta política”, cuando ni todos los políticos se comportan como tal, ni todos los ciudadanos de a pie están libres de comportarse como casta.

Escuché un día a Antonio Miguel Carmona, candidato a la alcaldía de Madrid por el PSOE que no está de acuerdo con la corriente de opinión que circula actualmente, según la cual todos los políticos españoles (y especialmente los miembros de los grandes partidos tradicionales) no son ciudadanos sino “casta”. Yo tampoco estoy de acuerdo con esa generalización, aún siendo de diferente partido. Él mismo, como economista y profesor universitario, es el vivo ejemplo de lo que muchos demandamos a los políticos: que sean ciudadanos con una profesión fuera de la política y que puedan volver a ella cuando termine su carrera política, que debe ser transitoria. También Albert Rivera, presidente de Ciudadanos, opina igual, y así actúa en coherencia, como la inmensa mayoría de quienes conforman ese partido. Y así concibo yo también lo que debería ser la política en nuestro país: un servicio al ciudadano con carácter temporal, un servicio de ciudadanos para ciudadanos. Porque la política es cosa de todos y no debe ser secuestrada por unos pocos, pero tampoco debe ser despreciada, pues es necesaria y quienes la ejercen son ciudadanos como nosotros, con sus fallos y sus aciertos, pero tan ciudadanos como aquellos a quienes representan.

Dicen que dentro de cada españolito hay un seleccionador nacional de fútbol, un experto en marketing, un estadista, e incluso un tertuliano político. Todo el mundo se permite opinar sobre todo, pero ¡ay de quien osa diferir! No solo en los medios los tertulianos opinan de todo, también en la vida normal (y desde las redes sociales) conocemos personas que critican a todo el mundo, que se erigen en expertos todólogos, con patente de corso para machacar a quienes se les antoje, simplemente por el hecho de ser visibles y tener notoriedad en el tema del que ellos se consideran más expertos que nadie. Son auténticos gurús del antigurusismo, que se dedican a atacar a profesionales que luchan por salir adelante, solo por incordiar.

Soy un profesional de las redes sociales, un consultor freelance, y tengo además inquietudes políticas ¿acaso es incompatible? Soy una persona que habla, conversa, dialoga, en las redes sociales y en la vida física, en ambas dimensiones (digital y analógica), con total normalidad sobre los temas que me interesan, me preocupan, y a los que me dedico. Como lo haría en un entorno privado, con mis amigos, o en la barra de un bar. ¿Por qué tenemos que callarnos y no hablar sobre política, ni participar en ella? Mientras seamos coherentes en nuestra vida, respetuosos con los demás y constructivos, no veo ningún problema. Pero otros sí lo ven.

Desde 2006 soy miembro de un partido político (no hace falta decir cuál, pues es lo de menos, ya lo buscaréis en Google), precisamente porque me cansé de no sentirme representado por ninguno de los partidos que había entonces, porque creo en la pluralidad de opiniones y en el sistema democrático y considero que debe ser regenerado para acercarlo más a la ciudadanía. Desde entonces, he venido recibiendo presiones desde mi entorno profesional, no solo para que me retire de toda actividad política, sino incluso para dejar de expresar mis opiniones a través de las redes sociales. Presuntos expertos en el mundo 2.0, personas que predican una cosa y hacen otra, esos incoherentes, son quienes me ratifican aún más en mis principios de respeto, pluralidad, y ciudadanía. No es la primera vez que me sucede, y creo que no será la última. Al menos, mientras siga reinando ese fariseísmo de cara a la clase política, que no tolera que ciudadanos de a pie decidan dedicarse temporalmente a esa noble labor, tan denostada por culpa de unos cuantos corruptos.

Decía Yves Montand que "aunque tú no te ocupes de la política, ella se ocupará de tí". Ese es el riesgo que corremos, que otros a quienes sí les interesa lo hagan sin contar contigo”. Seamos coherentes y respetuosos con los demás, eso debería ser más que suficiente para convivir.

> En la imagen, Antonio Miguel Carmona y Albert Rivera.

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