¿Juan Losada en Eurovisión?
Conociendo la reputación de Esther Koplowitz, como una mujer de discreción absoluta y enorme sencillez, alérgica a llamar la atención y aparecer en la prensa por algo que no sean sus empresas, podemos imaginar el mal trago que está pasando estos días con el nuevo affaire de su yerno, Juan Losada.
Sin embargo, este chico de buena familia, con estudios de Economía y posibilidades de un futuro como empresario junto a su padre o en los negocios de su esposa, Carmen Alcocer Koplowitz, que son también los de su suegra, se ha empeñado en ser artista. ¡Con los tiempos que corren! En ese mundo en ruinas y en competición con figuras como Alejandro Sanz o David Bisbal que, a pesar de ser quienes son, no venden discos y ya sólo hacen fortuna con galas y conciertos.
Juan Losada ha intentado de todo para hacerse oír: actuaciones solidarias y promociones gratuitas. Su imagen de buen chico, pulcro y educado, que cae bien a las señoras de sociedad, no le ha servido de mucho. De ahí que haya intentando participar en la próxima edición de Eurovisión.
Pero las reglas del concurso han esfumado sus pretensiones. La canción con la que aspiraba a representar a España no era inédita, como manda el reglamento. Había sido presentada en 2004 y, al parecer, incluso se había grabado una maqueta.
Pero Juan Losada no se rinde. Piensa recurrir, demostrar su inocencia y buena fe, estudiar el caso e investigar si alguien le ha engañado. Lo peor es que su pequeña empresa, en la que coros, equipo de baile y colaboradores tenían un contrato por seis meses, se arruinará con este fiasco, aunque la ruina del marido de una de las mujeres con mayor fortuna de España siempre produce una pena relativa.
> En la imagen: El yerno de Esther Koplowitz, Juan Losada.
Los Khashoggi vuelven a Marbella
Las fiestas de cumpleaños del magnate Adnan Khashoggi hicieron historia en la Marbella de Oro de finales de los años 70 y principios de los 80.
En su esplendorosa finca ‘La Zagaleta’, en la montaña que domina la costa marbellí, aterrizaban los helicópteros de los jeques con sus matones, mientras que en su yate ‘Nabila’, amarrado en Puerto Banús, navegaban sus amigas Joan Collins y Liz Taylor.
Un tribunal de Manhattan acabó de un plumazo con toda la parafernalia dorada del traficante de armas saudí. Un día le vimos cogiendo el metro de Nueva York, llevaba una pulsera en el tobillo, de ésas que pone el FBI a los delincuentes en libertad provisional para evitar su fuga.
Khashoggi y una de sus esposas, Lamia, una italiana que había sido cajera de un supermercado, han reaparecido en una gala benéfica en Roma.
La fiesta se repetirá el 27 de marzo en el hotel Incosol de Marbella, símbolo de los mejores tiempos de la capital del dinero y el glamour hace 30 años. Khashoggi vuelve a sus antiguos feudos, pero ya nada es como antes. ‘La Zagaleta’ fue convertida por sus acreedores en un privadísimo recinto, donde ni siquiera con muchos millones permiten que compre el primer rico que se lo proponga. Es posible que venga Liz Taylor a la fiesta, pero en silla de ruedas y con enfermera puesta. Cantarán Andrea Boccelli y Monserrat Caballé, pero será el canto del cisne por una Marbella que ya no es ni su sombra.
> En la imagen: El traficante de armas saudí, el magnate Adnan Khashoggi, y su mujer, Lamia.
Si Rocío Jurado y Carmen Ordóñez hablaran
Tan pobre está nuestro panorama rosa, falto de personajes y de gente con interés y encanto, que los cronistas del tema están echando mano de los muertos que ya no hablan ni pueden contar la verdad y, por otra parte, de dudoso interés.
Porque, ¿a quién le importa si Amador Mohedano, hermano y manager de Rocío Jurado, le daba cuentas exactas de sus finanzas artísticas o si cobraba de más sin que la artista se enterara? Al fin y al cabo, Rocío Jurado era una mujer inteligente, con dos maridos inteligentes, ligados al mundo del espectáculo y conocedores de sus entresijos, que podrían haberle advertido de que estaba siendo engañada.
Poco antes de morir, Rocío Jurado hizo una gala para Televisión Española, en la que Amador Mohedano seguía siendo su manager. Estuvo con ella hasta el final y, a lo mejor, a Rocío le daba igual el estado exacto de sus cuentas, siempre quiso ayudar a su hermano menor y, de ahí, que si alguna cuenta no hubiera cuadrado le pareciera irrelevante.
Con Carmen Ordóñez ocurre lo mismo. A los cinco años de su desaparición, siguen negociando con la última noche que pasó con vida los que supuestamente conocen el secreto de su muerte.
> En la imagen: Rocío Jurado y Carmen Ordóñez.