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LA VOZ LIBRE

Comunicación

Felicísimo Valbuena

Felicísimo Valbuena

Consultor y Periodista
lunes, 27 de abril de 2009, 13:51
Gran Torino, el viaje de la soledad a la intimidad

Creo que entre las tres palabras más infladas de nuestro lenguaje están 'director de cine' . Con un buen guión, un director mediocre puede rodar una película aceptable. Con un mal guión, un director excelente sólo puede conseguir una película vulgar. En consecuencia, para mí lo esencial es el guión. Me incluyo, pues, en una corriente que reivindica el mérito de los grandes guionistas.

No estamos ante la adaptación de una novela de éxito, como tantas veces ha ocurrido en las películas que ha dirigido Clint Eastwood. Nick Schenk partió de un argumento de Dave Johanson y de él mismo y acabó escribiendo un guión muy bien estructurado y precisamente para una película: Gran Torino.

Eric Berne distinguía entre el Tema y Moneda del Guión de Vida. La 'moneda' es el ambiente o las circunstancias en que los personajes se mueven. Distinguir entre tema y moneda del guión es lo que hacen los escritores cuando adaptan una obra al cine. El tema puede ser idéntico en varias versiones, pero la moneda cambia de una a otra: Un motín real en la fragata Bounty, en 1787 (Rebelión a bordo, 1935) se convierte en una rebelión de vaqueros contra su jefe (Río Rojo, 1948) y en una rebelión en un barco de guerra en la Segunda Guerra Mundial (El motín del Caine, 1954). Y de nuevo, Rebelión a bordo (1962) y Motín a bordo (1984) sitúan el ambiente en la película de 1935. Podríamos hacer el mismo ejercicio con muchas películas.

Centrándonos en Clint Eastwood, me acuerdo de dos precedentes de esta película: Harry el sucio (del gran director y guionista Don Siegel, 1971) y Un motín de 500.000 dólares (que dirigió Michael Cimino en 1974). En la primera, el asunto del guión era el de la venganza de Eastwood contra un psicópata criminal. En la segunda, lo importante no era el atraco, sino las relaciones interpersonales de Eastwood con Jeff Bridges.

En Gran Torino, a Walt Kowalski (Clint Eastwood) se le acaba de morir su mujer, con la que había vivido una relación interpersonal muy íntima. Durante el funeral, y la celebración posterior en su casa, vemos y oímos que se encuentra enteramente solo. No ha logrado establecer una buena relación ni con sus hijos ni con sus nietos. Y cuando rehace su vida normal, se da cuenta de que detesta todo lo que le rodea: los orientales y negros, con sus bandas, que se están apoderando del barrio en el que vive. Ha trabajado 50 años en la Ford y su hijo tiene un negocio de coches de importación asiáticos. Vive apegado a sus recuerdos y a sus prejuicios. Entre sus recuerdos, están la medalla al valor que le dieron por combatir en Corea y un Ford Gran Torino de 1974. El contraste entre los valores a los que está apegado y el mundo que le rodea, provoca que continuamente esté criticando todo lo que ve.

En resumen, y como diría Berne, Kowalski tiene activado su Padre Crítico y las transacciones que establece con los demás son arrogantes- su mundo es mucho mejor que lo que le rodea-; quejumbrosas- lamenta la degradación del mundo en el que ha vivido-; exasperantes, puesto que cuando alguien quiere establecer una relación sincera con él, la rechaza; y punzantes- él tiene que quedar por encima de los demás y hacerles ver que son unos seres inferiores. Los juegos psicológicos en los que participa son 'Defecto' , desatacando los puntos débiles de los demás; "¿No es horrible?" y "Ahora te he cogido, hijo de perra ".

Decía Ortega y Gasset que la vida nos es disparada a quemarropa. Efectivamente, él es Víctima de un intento de robo de su objeto más querido: su Ford Torino. El Perseguidor es un adolescente oriental, vecino suyo, que ha intentado robárselo. En realidad, este adolescente es, a su vez, Víctima de la banda de un primo suyo. Cuando la banda sigue presionando al muchacho, para que participe en un 'bautismo de fuego' , Kowalski lo impide con su escopeta. Es decir, pasa de Víctima del joven vecino a Salvador del mismo .

A partir de ahí, entran en juego los valores tradicionales de la familia oriental, que se ve obligada a mostrar su gratitud. Aunque inicialmente, Kowalski rechaza esas muestras de afecto, al final participa en una fiesta con los vecinos y se da cuenta de que sus valores conectan más con los de esa familia oriental que con los de su propia familia. Como diría Eric Berne, Kowalski descontamina sus prejuicios y pasa al Estado de Adulto. Otros seguidores de Berne dirían que éste se 'reparentaliza'. Pasa a ser un Padre Protector o Nutritivo del muchacho.

Una secuencia importante de la película es cuando Kowalski enseña a su joven vecino a moverse en la vida. O como diría Berne, le da el Precepto Moral o Antiguión y el Programa de vida. Efectivamente, logra que el muchacho no se convierta en un pandillero y aprenda a ganarse la vida por su cuenta.

Mientras tanto, Kowalski va pasando de la Soledad a la Intimidad, en forma de confianza mutua. Le abre los ojos para que se dé cuenta de la chica que le quiere.

Sin embargo, los Perseguidores, es decir, los pandilleros, inician una serie de represalias contra el muchacho, su familia y su novia. Y ahí es donde el guión muestra una solidez y una sutileza que deberían aprender los guionistas españoles, tan inmersos como están en un auténtico Viernes Santo de la imaginación. Kowalski descubre que sufre una enfermedad muy grave y que sus días tienen un límite muy próximo. En lugar de seguir el Guión de Venganza que Eastwood mostraba en Harry el Sucio contra el psicópata criminal, convierte ahora su muerte en un castigo para los pandilleros. Se deja acribillar por éstos y deducimos que acabarán en la cárcel y dejarán de molestar a su joven amigo. Y al contrario de Un botín de un millón de dólares, cuando Eastwood sufría por la muerte de su joven colega, ahora es el joven el que lamenta la muerte de su amigo.

La lectura del testamento se convierte en un acto de justicia, porque deja en su lugar a su avariciosa familia biológica y lega sus bienes a la Iglesia Católica y a su joven amigo.

¿Qué lugar ocupa aquí la Iglesia Católica?. Gran Torino puede pasar a la historia del cine contemporáneo porque presenta a un joven cura de 27 años, inexperto, pero lleno de entusiasmo y comprensión hacia Kowalski, los orientales y los pandilleros. Al comienzo, recibe el desprecio de Kowalski, por su inexperiencia, pero acaba conquistándole por su deseo de comunicación y por su persistencia en querer comprenderle. Kowalski lega su casa a la Iglesia.

¿Cuánto tiempo hacía que no veíamos a un cura como éste en el cine?. Los guionistas españoles también podrían aprender mucho de esta película y abandonar los topicazos, fruto de su falta de imaginación, que muestran en tantas películas, cuando presentan a los sacerdotes en sus escritos. Quiero decir, cuando ridiculizan a los curas.

Personalmente, pienso que es la mejor película que ha dirigido y protagonizado Clint Eastwood desde 'Deuda de Sangre' (2002). Prometo ocuparme de esta película en otra crítica berniana.

Actualmente, Felicísimo Valbuena es Director del Máster en Comunicación Periodística, Institucional y Empresarial, Título Propio de la Universidad Complutense de Madrid, que se encuentra ahora en su undécima edición.

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Encontrados 2 comentarios
Dice ser amarillistas
lunes, 04 de mayo de 2009, 00:02
Felicísimo, ¿no le han dicho nunca a usted que se parece al patriarca de los Janeiro? ¿Vive usted en Ambiciones?

Dice ser tagomago
viernes, 01 de mayo de 2009, 11:24
Película preciosa, no se la pierdan.

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Encontrados 2 comentarios
 
 
 
 
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