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LA VOZ LIBRE

Política

Esther Esteban

Esther Esteban

Periodista y comentarista política
sábado, 12 de septiembre de 2009, 15:46
El sablazo

Sabemos la cifra y poco más. El presidente del Gobierno llegó, vió el panorama y no convenció a nadie ni siquiera a los suyos que estuvieron pelín escasos en la cosa de los aplausos. Sabemos que la subida de los impuestos va a suponer el 1,5 por ciento del PIB, es decir 16.000 millones de euros o lo que es lo mismo que cada españolito pagara de su bolsillo 389 euros sea cual sea su edad o condición. Ahora el quid de la cuestión es saber por dónde va a ir el sablazo, qué impuestos van a entrar en el sorteo y la cosa tiene poco recorrido: o del IVA o de los impuestos especiales.

El debate sobre la crisis, lejos de tranquilizarnos, nos ha puesto los pelos de punta, sobre todo por omisión. Zapatero no quiso desvelar de dónde piensa sacar el dinero que necesita para seguir manteniendo el nivel de gasto publico y se limitó a señalar que la presión fiscal en nuestro país seguirá estando por debajo de la media europea. Lo que no dijo es que también nuestros sueldos están por debajo de esa media y que nos situamos peligrosamente en la cola de la recuperación respecto a los países de nuestro entorno.

Mientras aquí se apuesta por seguir subiendo la presión fiscal, la mayoría de nuestros vecinos han tomado el camino contrario, el de recortar el gasto publico y bajar los impuestos. Mientras aquí se hace tabla rasa y se nos divide entre ricos y pobres, intentando camuflar que los grandes paganos de los errores del Gobierno seremos las clases medias, en otros lugares se buscan culpables entre los grandes banqueros y los yuppies que han puesto al sistema al borde del colapso. Mientras en todo el mundo Gobierno y oposición se han remangado y están trabajando juntos para que el barco no se hunda, aquí se pretende camuflar el debate situándolo en el terreno ideológico para que cada vez sea más difícil llegar a acuerdos.

Al final va a ser cierto eso de que España es diferente, incluso en los momentos de crisis. Si el resto del mundo camina hacia la bajada de los impuestos, nosotros lo hacemos en dirección contraria. Si todos optan por meter la tijera al gasto publico, nosotros, más chulos que nadie, los incrementamos todos los días y si todos buscan desesperadamente dar con la clave para hacer importantísimas reformas estructurales nosotros preferimos la flor de un día y situarnos cada 24 horas al sol que más calienta. No soy yo precisamente de esas personas a quienes disgusta la heterodoxia, sea cual sea la materia en la que se aplique, pero, claro, cuando se trata de las cosas de comer la cosa cambia y los experimentos mejor, como decía aquél, que se hagan con gaseosa.

Aunque el presidente pretenda conseguir esos 16.000 millones de euros dándonos sablazos a todos en pequeñas dosis, al menos nos merecemos saber cómo, cuándo y dónde lo va a hacer. Su falta de respeto al Parlamento -dando algunas claves de su reforma fuera del hemiciclo y apenas unas horas después de haber comparecido- es sólo comparable con su falta de palabra. Sólo echar un vistazo a su programa electoral, de hace apenas un año, para ver que al final tendrán razón esos que sostienen que las promesas electorales estén precisamente para eso, para no cumplirlas. ¡Qué país!

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