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LA VOZ LIBRE

Política

Esther Esteban

Esther Esteban

Periodista y comentarista política
lunes, 27 de julio de 2009, 11:04
El tesorero de los días contados

Luis Bárcenas, el tesorero del PP, ha defendido ante el juez su inocencia por los delitos de cohecho y fraude fiscal. Presentó ante la justicia documentos y transacciones para explicar el origen de su millonario patrimonio, que justificó en sus elevados ingresos y una serie de inversiones afortunadas en la bolsa. Parece que es un hombre con suerte ¡demasiada tal vez! en sus operaciones del parquet y eso levanta sospechas.

Según dicen, el tesorero hizo bueno aquello de que la mejor defensa es un buen ataque y se defendió como gato panza arriba al señalar que el tal "Luis el Cabrón", que aparece en el sumario y al que la fiscalía le imputa un cobro de 72.000 euros, no es él sino Luis Delso presidente de Isolux y antaño vinculado al PSOE. Señaló con su dedo acusador al empresario, pero no presentó pruebas con lo que todo parece una mera argucia. Da la sensación de que el tesorero fía su suerte a que la Justicia no va a poder demostrar su culpabilidad, pero sobre él se cierne una enorme sombra de sospecha y pase lo que pase sus días al frente de las cuentas del PP están contados. Así se lo han hecho saber algunos de los dirigentes más importantes de la actual cúpula de dirección y él sabe perfectamente que está en tiempo de descuento aunque se niegue a aceptarlo.

Luis Bárcenas ha dejado claro que no dimitirá hasta que el Supremo no pida el suplicatorio, pero nadie, absolutamente nadie del partido, le acompañó en el doloroso trance de entrar en los juzgados. Ni una muestra de solidaridad ni una sola declaración a su favor. Esa soledad es aún más palpable cuando los dirigentes del PP hablan en privado y reconocen que Rajoy debería haberle cesado hace mucho tiempo para que el tema no termine por salpicar a todo el partido, cosa que ya ha ocurrido. Aunque el tesorero ha dicho que él maneja sus tiempos mediáticos y políticos eso es sólo una bravuconada. Esa afirmación es intolerable y debería haber sido la gota que colme el vaso de la paciencia de Rajoy. No sólo porque es una amenaza que huele que apesta, sino porque nadie puede chantajear de esa forma a toda una organización. Rajoy puede tener sus motivos para soportar este via crucis -aunque desde fuera parezcan inexplicables- pero los militantes y simpatizantes del PP no se lo merecen. Pagar ese alto precio por un hombre, por importante que sea, no tiene justificación. Salvo que, efectivamente, si él habla la estructura de los populares tiembla. Pero eso es harina de otro costal.

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