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LA VOZ LIBRE
martes, 19 de mayo de 2009, 12:34
Fronteras lingüísticas

¿Por qué en cada sitio se habla diferente? Esta pregunta y esta perplejidad acompañan a la humanidad desde su inicio. La Biblia dice que es un castigo divino, porque los hombres pretendían llegar hasta al cielo con la torre de Babel.

La gente se ha tragado esta leyenda hasta no hace mucho. En el siglo pasado, sin ir más lejos, se aseguraba científicamente que el vasco era una de las 72 lenguas de Babel. Algunos aún decían más: que era la lengua del paraíso, la lengua de Adán y Eva. Se la enseñó Dios mismo, que, como todo el mundo sabe, es de Bilbao.

El hecho de relacionar la lengua con la tierra es un mito comparable al de Babel. No hay nada en un territorio que determine nada de la lengua que se habla en tal territorio. Las fronteras lingüísticas actuales son una carambola de la historia. Estas fronteras no se habían repetido nunca antes ni se repetirán nunca en los milenios del futuro. Los que dicen “los catalanes hablamos diferente porque somos diferentes”, habrían de admitir que hace 1.500 años éramos iguales que los de toda Hispania, porque todos hablábamos latín...

No. Las fronteras lingüísticas indican, sencillamente, mercados comunicativos que se han ido decantando a lo largo de la historia. Las lenguas románicas, hijas del latín, surgieron por una sencilla razón: porque se cortó la intercomunicación entre las diferentes partes del imperio. Y en nuestro caso, las fronteras lingüísticas no siguen las fronteras naturales (ríos y montañas, horizontales), sino que siguen la dirección vertical, de las sucesivas invasiones musulmana y cristiana.

Los mapas lingüísticos, que ponen las lenguas en territorios homogéneos separados por fronteras, se basan en dos supuestos: primero, que la gente de dentro de una frontera se relaciona siempre con gente de dentro; y segundo, que no se relaciona nunca con gente del otro lado de la frontera. Eso ha sido verdad a lo largo de la historia para la mayoría de la población. Pero empezó a fallar con la aparición de la escritura primero, de la imprenta después, y finalmente de la antena parabólica.

En el mundo futuro, que ya empieza a ser presente, la gente viaja, emigra, habla y escucha mensajes de punta a punta del mundo mucho más que con el vecino de al lado. Pronto en todas partes se hablará todo tipo de lenguas. La lengua ya no va con la tierra: va con la persona. Hablar de lengua territorial será inadecuado en el mundo futuro. Pero es que en Cataluña, ahora, ya es una total barbaridad.

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Encontrados 1 comentarios
Dice ser José Miguel
martes, 19 de mayo de 2009, 23:05
En España vivimos en la paradoja de que mientras más nos parecemos todos por la comunicación y por el mestizaje, más exacerbado está el asunto de los hechos diferenciales. Mientras el catalán que se habla hoy en día se parece cada vez más al castellano, casi indistinguible ya en lo fonético, más se hace creer al resto de España que esto es algo "diferente". Somos un país muy raro

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