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LA VOZ LIBRE

Política

Esther Esteban

Esther Esteban

Periodista y comentarista política
miércoles, 02 de febrero de 2011, 15:16
La educación, arma de futuro

Decía Gabriel Celaya que la poesía es un arma cargada de futuro y, sin duda, la educación también lo es. Sólo hay que echar un vistazo a las grandes reflexiones que se han hecho a lo largo de la historia, con esas dos palabras "Educación" y "Futuro" para llegar siempre a la misma conclusión: que ninguna de esas cosas puede concebirse sin la otra. Yo hoy me quedo con aquello que dijo Robert Kennedy de que "la educación es la clave del futuro. La clave del destino del hombre y de su posibilidad de actuar en un mundo mejor" o con la de Malcom X y su análisis sobre que "la enseñanza es el pasaporte para el futuro", pero esas reflexiones, llenas de contenido, se quedan como palabras huecas cuando uno se topa con la cruda realidad. Y nuestra cruda realidad la marcan las estadísticas. Esas que dicen que España es el único país del vagón de cola de la Unión Europea que ha empeorado sus cifras de abandono escolar en la última década. La tasa ha pasado del 27 al 31,2 por ciento, y eso da vértigo.

No sé si los expertos tienen razón al afirmar que esas cifras se deben a que, con la maldita "burbuja inmobiliaria", nuestros jóvenes optaron por el dinero fácil en vez de la formación, o que el incremento de la inmigración puede explicar también estos datos, pero seguramente todos somos un poco culpables de lo que está pasando. No seré yo quien eche la culpa sólo al sistema, o a las políticas educativas erróneas y kafquianas que se llevan años practicando a la hora de configurar planes de estudio absurdos, donde se da más importancia, a según qué asignaturas que deberían ser residuales, para adaptarlas al pelaje político de quien manda en la comunidad autónoma correspondiente. Los políticos, pero también los profesores y los padres, somos responsables de que se encienda el farolillo rojo.

A los maestros les hemos quitado su autoridad y nosotros, muchas veces, somos incapaces de ejercerla delante de nuestros hijos a los que sobreprotegemos de tal manera que terminamos por perjudicarles. Los políticos se enredan en las cuestiones identitarias, se pelean a diario por la lengua en la que deben impartirse las asignaturas y están demasiado entretenidos en manipular la historia para arrimar el ascua a su sardina, que lo que menos les importa es si estamos formando a los hombres del futuro. En cuanto a los padres muchas veces delegamos la responsabilidad de educar porque es más cómodo quitarnos ese muerto de encima y los profesores se sienten tan desamparados que terminan por tirar la toalla.

En el otro lado de la balanza está ese otro drama que termina por sumir a los estudiantes en la desesperanza. Ese 43 por ciento de paro juvenil que lleva camino de convertirse en endémico si no lo atajamos rápidamente. Ahora nuestros hijos, los que se han formado mejor, las mejores cabezas y talentos tienen que emigrar y buscarse la vida fuera si quieren iniciar su vida profesional. No sé si a eso se le debe llamar fuga de cerebros, pero en realidad es lo que es. El "vente a Alemania Paco" de nuestra época se puede llamar "véngase a Alemania Don Francisco", pero el resultado es igual de desolador. Se van no porque quieran, sino porque aquí en su país no ven futuro y la educación que han recibido no ha sido para ellos en su tierra de origen la mejor arma de futuro. ¡Qué horror!

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