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LA VOZ LIBRE
jueves, 23 de abril de 2009, 11:39
Nuestro tabú

El de la lengua es un tema podrido, un tema envenenado que toca la fibra más íntima de la gente, que hace levantar ampollas y perder la compostura al personaje más frío y ecuánime. Parece como si hubiese algún automatismo, un chip que se dispara y que nos hace saltar la alarma. Como cuando alguien menciona a nuestros muertos. Podemos hacer broma y contemporizar con todo, pero con la lengua no: la lengua es sagrada.

No hace mucho, en una revista local publiqué un artículo con el título de “Cataluña bilingüe”. Pensaba que era un tema que, pasados los años de las reivindicaciones de la primera democracia, se podía abordar con naturalidad, sin aspavientos. ¡Santa inocencia! En el número siguiente me esperaban un alud de cartas mayormente subidas de tono.

La más comprensiva me trataba de tonto y me recomendaba una temporada en el frenopático para reconducir mis neuronas alteradas. Las otras me hacían cómplice de la represión franquista, renegado y traidor a la causa, cuando no claramente enemigo de ella. Una, con considerable mala baba, me censuraba que yo era incapaz de amar el catalán, que sólo lo utilizaba para hacer dinero: o sea, me acusaba de ser una especie de “macarra de la lengua”. Y conminaba a los tribunales de oposiciones a hilar más delgado, para que no diesen responsabilidades académicas a gente tan poco recomendable como yo...

Hay que decir que mi trabajo es de profesor de catalán en un instituto de bachillerato, y he escrito dos libros –con éste, tres–, y los tres en catalán. Por lo tanto, tengo un pedigrí absolutamente acreditado y fuera de toda sospecha. Y tengo también un puesto de trabajo asegurado como funcionario del estado. Y, con mi actual categoría de catedrático, no tengo aspiraciones a promocionar. Ahora, imaginaos si mi trabajo no fuese seguro, o si tuviese expectativas profesionales de cara al futuro, o si en mi expediente se pudiese encontrar alguna sombra, un comentario displicente o una tibieza respecto a la causa nacional...

Ahora entiendo por qué me cayeron encima aquellas respuestas subidas de tono: no iban contra mí, que no tengo nada que perder, sino que tenían la función de aviso para navegantes: si quieres obtener/conservar tu trabajo, o si quieres subir en el escalafón, ándate con cuidado, recuerda que el tema de la lengua es sagrado.

 

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