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LA VOZ LIBRE
miércoles, 09 de septiembre de 2009, 17:32
Los bolivarianos llegan a España

Algunos sectores de la sociedad y la vida política española se irritan cada vez que se anuncia, como es el caso, una visita a España de uno o varios líderes de la América que se llama bolivariana. Hugo Chávez llegará a Madrid "en escala técnica", a finales de esta semana, y la próxima comienza una visita oficial de Evo Morales. Ambos son calificados por medios de la oposición conservadora de "amigos de Zapatero", en el marco de una campaña fuertemente crítica hacia la política exterior del Gobierno socialista.

Lo cierto es que la diplomacia española que comanda Miguel Angel Moratinos se esfuerza por mantener unas relaciones lo suficientemente buenas con todos los países iberoamericanos, y ello incluye a los 'bolivarianos' o a quienes sienten cierta simpatía por los gobiernos venezolano, boliviano y ecuatoriano, como la presidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner. Todos estos países son piezas clave para los intereses españoles en la zona, para la estrategia internacional de España y también como interlocutores de una España que quiere actuar, y a veces logra hacerlo, como puente entre América Latina y Europa, por un lado, y América Latina y los Estados Unidos de Obama, por otro.

Es más, a España y a Portugal les gustaría ampliar las 'cumbres' iberoamericanas con algunos otros países ajenos al área latinoamericana, pero donde se habla español o portugués, como Guinea Ecuatorial, Angola, Mozambique o las otras ex colonias portuguesas. Un proyecto -que debería ser discretamente tratado en la próxima 'cumbre' iberoamericana de Estoril, en octubre- que no gusta demasiado ni en Brasil, donde el presidente Lula no quiere perder un protagonismo hegemónico, ni en algunos organismos internacionales, donde ni siquiera parece amenazadora incluso una remota posibilidad de creación de una 'commonwealt latina'.

Lo curioso es que existan sectores ideológicos en la propia España que rechacen esta 'política exterior de Estado', consistente en procurar mantener una cierta neutralidad política a la hora del acercamiento a los países de influencia del área hispana. La tormenta fue muy considerable cuando Moratinos realizó recientemente un viaje oficial a Guinea Ecuatorial, más aún cuando trató de presentar al régimen de Obiang como en camino hacia una 'cierta' democracia, y esa tormenta arreció cuando, en julio, el jefe de la diplomacia española se entrevistó con Chavez en Caracas, o cuando, hace una semana, asistió al aniversario del ascenso al poder del libio Gaddafi.

Simplemente, esos sectores escépticos se resisten a admitir una política 'de ejes múltiples' como la que quiere ensayar Zapatero. Una resistencia 'miope', según el Gobierno español, que recuerda que, en todo caso, otros ejecutivos de signo contrario, como el del conservador Aznar, también procuraron mantener una relación al menos suficiente con la Venezuela de Chávez e incluso con la Cuba de Fidel, aunque las tensiones fuesen, en ambos casos, frecuentes.

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