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LA VOZ LIBRE
miércoles, 16 de junio de 2010, 18:14
La piña socialista

La jornada del jueves resultó, con toda probabilidad, ajetreada y hasta agitada para el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero. A primera hora de la mañana, y antes de emprender viaje a El Vaticano y Roma, era informado de primera mano del fracaso de las negociaciones para la reforma laboral. No pudo significarle excesiva sorpresa, porque el desacuerdo, o el fracaso, estaba ya "descontado". Mes tras mes, se había comprobado la distancia de los interlocutores, patronal y sindicatos. De hecho, las reuniones a tres -sindicatos, patronal y Gobierno- tenían un decidido propósito: tomar nota de las discrepancias de ambos, para tratar de evitarlas en el borrador de decreto que el Gobierno empezará a presentar a las fuerzas políticas en las horas próximas para sacarlo adelante en el trámite parlamentario. Zapatero ponía de relieve la utilidad que han tenido esas reuniones, por fallidas que resultaran finalmente.

A continuación, y tras esa mala noticia, Zapatero viajaba para mantener un encuentro, nada fácil, con el Papa Benedicto XVI y su secretario de Estado, el cardenal Bertone. Nunca son fáciles los encuentros con la Santa Sede. En los diarios de este viernes es posible recoger versiones muy distintas: desde que el Papa le solicitó que aplazara la Ley de Libertad Religiosa, hasta la queja del Papa por la Ley del Aborto, pasando por la consideración de que las relaciones Estado-Iglesia Católica española no están siendo especialmente ácidas ni belicosas. La segunda parte de su presencia en Roma fue el encuentro con Berlusconi y la rueda de prensa en la que Zapatero tuvo una primera ocasión para referirse al decreto de reforma laboral que el Gobierno ha venido preparando durante semanas. Zapatero dejaba clara la importancia que da a la reforma y cómo ha de ser una norma útil para mucho tiempo.

Y todavía llegó a tiempo para participar en la ceremonia que José Antonio Alonso y José Bono prepararon ayer para celebrar los cien años del fundador del Partido Socialista, Pablo Iglesias, y que se transformó en una ceremonia en la que Zapatero y González, o González y Zapatero, se dieron ánimos para continuar unos cuantos años más al frente de los destinos de España, por más que deberán seguir padeciendo los ataques "a la yugular", como expresó González, del principal partido de la oposición. Fue, sin duda, una oportunidad para abandonar rencillas personales y críticas internas en un momento particularmente complicado y difícil. Reveló Zapatero las palabras de ánimo que su antecesor le dirigió cuando se anunció el ajuste severísimo del gasto público. Pues bien, por loas informaciones de prensa de las que este viernes tenemos noticia, el presidente Zapatero aún halló tiempo para dar un telefonazo a Mariano Rajoy.

Según el relato de La Vanguardia, inmediatamente después de esa llamada, Celestino Corbacho y Cristóbal Montoro tantearon posiciones para buscar un eventual apoyo del PP a la reforma del mercado laboral que en los próximos días ocupará a los grupos parlamentarios. De manera que el acuerdo entre los agentes sociales ha sido imposible, pero podría hacerse realidad entre las fuerzas políticas, incluida el PP. El intento ya se está produciendo, y no resultará sencillo de conseguir.

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