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LA VOZ LIBRE
miércoles, 09 de junio de 2010, 18:53
Israel y el lenguaje

El lenguaje proyecta las intenciones y el esquema de pensamiento en el que aquellas se inscriben. Véase cómo usa las palabras el Gobierno de Israel para justificar su injustificable acción militar contra 600 personas desarmadas en aguas internacionales, así su posterior liberación. Por ahí empezamos. Liberación es la palabra. Ni repatriación ni expulsión, que son las oficialmente utilizadas por Israel para deshacerse de los secuestrados. Secuestro es la palabra. Y no detención, como dijo al mundo el Gobierno de Netanyahu cuando, en un incalificable acto de piratería, sus comandos asaltaron el principal barco de la llamada "Flotilla de la Libertad" en aguas de libre navegación.

Con razón los 600 activistas retenidos ilegalmente en Berseda, entre los que había 130 ciudadanos europeos, no quisieron firmar los documentos que les proponían aceptar la repatriación voluntaria o la expulsión inmediata como inmigrantes ilegales. Como si hubieran entrado voluntariamente y no a la fuerza ¿Pero cómo aplicarle el protocolo de la repatriación voluntaria a quienes no tenían ni la menor intención de entrar en ese país? (La flotilla se dirigía a Gaza, sobre la que, por otra parte, Israel no tiene ningún título de soberanía) ¿Y cómo expulsar de un país a alguien que no entró voluntariamente?

A partir de esas perversiones del lenguaje se entiende todo lo demás. De las perversiones del lenguaje a las perversiones del pensamiento proyectado, El colmo ha sido, y sigue siendo, remitirse a la "legítima defensa" como el principio sobre el que se basó la acción militar de la Marina israelí sobre quienes querían llevar ayuda humanitaria a la franja de Gaza, sometida al bloqueo israelí, cuando la expresión que más le cuadra es la de "crimen de guerra", habida cuenta de la brutal desproporción entre el baño de sangre que se produjo y los objetivos de la flotilla.

Lo ocurrido es la última prueba de que Israel sigue siendo un Estado reñido con el Derecho Internacional. La nueva diplomacia les llama Estados gamberros a los que se pasan por el arco del triunfo las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU y, en general, los protocolos internacionales en el uso de la fuerza militar y su relación con los derechos humanos.

El primer ministro de Turquía, bajo cuya bandera navegaba esta misión de paz, fue más benévolo al acusar a Israel de sembrar el "terror de un Estado inadecuado al Derecho Internacional". Hay quien utiliza expresiones más duras, como el escritor Avi Shlaim, que ahora enseña en Oxford y se le considera representativo de la corriente "Nuevos historiadores de Israel". En su último libro dice que Israel se ha convertido en un Estado canalla porque "habitualmente viola el Derecho Internacional, posee armas de destrucción masiva y practica el terrorismo, utilizando la violencia contra civiles con propósitos políticos".

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