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LA VOZ LIBRE
lunes, 31 de mayo de 2010, 17:53
Casi cuatro mil personas fusiladas en una tapia

Casi setenta y cinco años después, algunas de las historias que la Transición a la Democracia dejó sin revisión, referidas a la guerra civil y a las tremendas tragedias de aquellos días, aún nos revuelven y conmueven. Es el caso de la historia que nos ha proporcionado hoy el diario El País, sobre fusilamientos en el cementerio de Granada. Según este estremecedor relato, el concejal socialista Juan Fernández Rosillo fue fusilado en agosto de 1936 en la tapia del cementerio católico de Granada. Y como él, al menos 3.968 personas más -se dice pronto, casi cuatro mil personas- perdieron la vida en ese paredón improvisado: una pared de ladrillo y yeso de 2,5 metros de altura que aún conserva los impactos de las balas. La Asociación para la recuperación de la Memoria Histórica de Granada ha documentado esas muertes y ha solicitado a la Junta de Andalucía la dignificación del lugar, que se halla en el lateral del cementerio y es el único trozo que queda del muro original. Pide protección para la tapia y que los nombres de las víctimas consten para siempre en el interior del camposanto. Sucede, sin embargo, y según se relata, que de 594 víctimas no hay nombres ni apellidos, sólo el sexo y la edad...

El único hijo de Rosillo que aún vive, Gabriel, tiene "la ilusión" de poder dignificar el nombre de su padre. Pese a sus 80 años, quiso acompañar a los historiadores al acto y recordó cómo su hermano mayor volvió a casa el día en que fusilaron a su padre sin haber podido entregar el cesto de la comida que diariamente le llevaba desde que fue detenido. Entonces sus hijos tenían 13, 10 y 7 años. La familia perdió también sus bienes: la vivienda y una imprenta que recuperaron años más tarde tras pagar una multa. De casa en casa y gracias al trabajo de modista de su madre, pudieron sobrevivir. Han sido muchos años de silencio, relata.

Los datos obtenidos en el Registro Civil, archivos locales y diligencias militares documentan las muertes. El autor del informe, Rafael Gil Bracero, historiador y vicepresidente de la ARMH de Granada, no descarta que sean más. La última es de 1956. Y de todas, 594 son desconocidas. Sin nombres ni apellidos, sólo con referencias al sexo y la edad. "Ésas son también nuestras víctimas", apunta la presidenta de la asociación, Maribel Brenes.

El gobierno municipal, del PP, ha retirado la placa que colocaron el pasado verano familiares de las víctimas. La protección cultural es la vía que ahora plantea la asociación para reconocer a los fusilados. Gil Bracero considera "necesario" que la sociedad granadina haga "un esfuerzo" por dignificar el muro y que las personas en él fusiladas "puedan recuperar la paz que se les negó". Es una cuestión de "urgencia política", reconoce la Junta de Andalucía, que sin embargo, sigue comprobando la resistencia de "adversarios políticos" nada convencidos de la necesidad y exigencia de otorgar dignidad a los ajusticiados del 36. Pero ni mucho menos es un caso único, aunque posiblemente tenga unas dimensiones desmesuradas y tremendas. Muchas otras tapias y viejos regueros siguen ocultando historias terribles de un pasado que sigue resultando lacerante para los familiares que aún no han tenido la fortuna de ver "bien enterrados" a sus antepasados presuntamente o comprobadamente "rojos".

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