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LA VOZ LIBRE
lunes, 07 de septiembre de 2009, 13:31
De "batallón electoral" nada

La pregunta de si deben seguir las tropas españolas en Afganistán va ganando terreno según se multiplican los ataques talibanes contra nuestros soldados, nuestro presunto "batallón electoral". Por empezar por el principio, no ha estado afortunada, en mi opinión, la señora ministra de Defensa al ofender con ese eufemismo buenista, "batallón electoral", a los soldados españoles en Afganistán. Si su presencia allí se redujese a vigilar las elecciones ya deberían estar, si no de vuelta, haciendo las maletas, pero, en su lugar, lo que anda "filtrando" el gobierno es que pedirá permiso al Parlamento para ampliar el batallón con entre unos 200 a 500 efectivos más. O sea, que se quedan

Las elecciones que fueron a vigilar ya se han celebrado, con más trampas, es cierto, según se va sabiendo, de las tolerables en unas elecciones supervisadas por la comunidad internacional a favor del actual presidente Karzai. Ahora bien, ¿es previsible que haya segunda vuelta? Todo indica que no, que tal como va y pinta esa guerra la limpieza electoral preocupa mucho menos a los responsables políticos del contingente internacional afgano que salir lo más airosamente posible de allí y enviar mientras tanto el menor número posible de ataúdes a sus casas. O sea, lo mismo que está ocurriendo ahora en Irak, casi dos gotas de agua: dos guerras casi idénticas -y dos fracasos- aunque con distinta legitimidad de origen

¿Debimos ir a la guerra afgana? Sí. ¿Y debemos seguir? Hasta que se vayan los demás, también; esto es lo que yo creo. En la vida hay que estar a las duras y a las maduras. Pero, basta de cuentos. Lo que hay en Afganistán es una guerra, no la misión de paz que pretende el gobierno. Una guerra terrible en la que, como en todas las guerras, los soldados - todos, los nuestros también - matan y mueren. Unas veces tienen que matar para sobrevivir y otras es el enemigo quien sobrevive. De "batallón electoral", ni el nombre, porque en Afganistán lo que hay es una guerra, como la de Irak. ¿Qué no queremos estar? A casa. Pero si estamos, que sea con todas las consecuencias. Si Zapatero no tiene el decoro de empezar a llamar por su nombre al sacrificio que están haciendo allí nuestros militares en defensa del papel de España en el mundo, que se los traiga a casa. Lo menos que merecen es que el gobierno empiece por no negar el nombre de su misión, y ponga todos los recursos humanos y materiales a su alcance para salvaguardar en lo posible su seguridad. Esto es lo que hacen los países serios en las guerras.

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