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LA VOZ LIBRE
lunes, 07 de septiembre de 2009, 10:18
Mucho hablar de pactos, pero pocas ganas de hacerlos

La moda ahora, tras un verano políticamente lamentable en el que se han tirado todos los trastos imaginables a la cabeza, es hablar de pactos entre los socialistas y los populares. En la multitudinaria cena del viernes-noche en Valencia, en apoyo de Camps y de sí mismo, Mariano Rajoy ofreció consensuar una reducción del gasto público para "no hipotecar España". Por su lado, Zapatero ha ordenado a sus ministros que desempeñan carteras más significativas -Educación, Sanidad, Industria- que busquen pactos con el PP en las materias que afectan al estado del bienestar.

Ya funciona el acuerdo en materia de lucha contra la gripe A, o en la lucha para traer a Madrid las olimpiadas de 2016, por ejemplo. O en lo referente al envío de más tropas a Afganistán, en su caso. Pero hay muchos motivos para dudar de que ese acercamiento llegue a un pacto más global, como dice desear -las encuestas son bastante unánimes- una mayoría de ciudadanos. Y menos cuando en el PSOE y el PP andan ya, en realidad, pensando en las próximas confrontaciones electorales.

Un termómetro de la temperatura política, tras este mes de agosto lleno de acusaciones sobre espionajes y pinchazos telefónicos, de desmentidos, de inseguridades a la hora de gobernar y de balbuceos a la hora de hacer oposición, lo tendremos en las próximas horas. Cuando Zapatero inaugure, en clave de masas, su curso político en Rodiezmo, entre pañuelos rojos al cuello y sindicalistas veteranos aguerridos. No es terreno para andarse con contemplaciones con el 'enemigo de la derecha' (así fue calificado el PP por un orador en edición precedente), pero todos esperan anuncios significativos por parte del presidente del Gobierno y secretario general del partido.

O, si no, el miércoles, en la sesión de control parlamentario, que vuelve tras las larguísimas vacaciones de Sus Señorías. Veremos si hay alusiones al 'y tú más' o la lógica confrontación en el seno del Legislativo discurre por cauces más constructivos. Ya se sabe que, en la vida política, algo de leña siempre tiene que haber. Pero no está la crisis para demasiados juegos.

En este marco es en el que aseguran que Zapatero se plantea llamar a Rajoy a La Moncloa en algún momento de este mismo mes de septiembre, que comienza, como digo, bajo la advocación del pacto. Ahora, el presidente va a estar muy ocupado en los próximos días con viajes por Europa y a los Estados Unidos -Asamblea general de la ONU-, así como recibiendo a mandatarios extranjeros -vienen Chavez y Evo Morales, lo que no dejará de provocar comentarios entre quienes siempre se niegan a reconocer lo que es una política de Estado-.

Pero necesita consensuar con Rajoy, para demostrar su buena voluntad, varias cosas, al margen de la Sanidad, la Educación o la reforma del sector energético: dentro de poco más de tres meses, España asumirá la presidencia de la UE, y ZP quiere que todo vaya como un guante. Le es preciso que Rajoy no le incordie demasiado, lo mismo que la patronal -hay acercamiento, como era previsible, a Díaz Ferran- o los sindicatos.

De la misma manera que, a su vez, el presidente del PP sabe que, con una presidencia europea brillante, Zapatero tendrá bastantes puntos ganados para la reelección, sobre todo si, a partir de la segunda mitad de 2010, empiezan de verdad a verse algunos brotes verdes. Así que hay motivos, por si la mutua antipatía no fuese suficiente, para dudar de que se produzca de verdad un acercamiento efectivo entre ambos.

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