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LA VOZ LIBRE
lunes, 10 de mayo de 2010, 18:15
Rajoy se ofrece

Mariano Rajoy, líder del principal partido de la oposición, aprovechó la cita en Moncloa para relanzar su candidatura a la Presidencia del Gobierno. Es legítimo, aunque su acreditada habilidad para hacer rentable su encuentro con Zapatero no se vio compensada con una equivalente habilidad para persuadir a la ciudadanía de que mientras tanto, por su vocación de hombre de Estado, está dispuesto a echar una mano para que la mala situación económica no vaya todavía a peor.

"Por mí no va a quedar", dijo al salir de la reunión en referencia a su voluntad de consensuar los grandes temas pendientes en la lucha contra la crisis. Siempre que el Gobierno rectifique, claro, "porque no podemos seguir así". Por si había dudas, el líder del PP las aclaró inmediatamente al envolverse en su sofisma preferido: solo apoyará al Gobierno en lo que sea beneficioso para España. Evidentemente, la contraparte no decidiría en ningún caso, hasta ahí podíamos llegar, lo que es bueno para España, aunque sea el Gobierno legítimo de la Nación.

En resumen, la cabeza caliente y los pies fríos. Respecto a la deseable remada conjunta del titular y el aspirante en defensa de los intereses nacionales, nada de nada. Estamos como estábamos antes de la reunión.

El anuncio previo de que Rajoy iría con ánimo constructivo a la misma coincidió en el tiempo con su ruidoso silencio de la tarde del martes, cuando el rumor de que España había pedido ayuda al FMI para salir del agujero provocó la segunda mayor caída del Ibex. El líder del PP perdió entonces la ocasión de desmentir públicamente los insidiosos rumores que tanto daño hicieron durante unas horas a la imagen de la economía nacional. De nuevo, se quedó en la morbosa descripción del síntoma al hablar de "batacazo monumental de la Bolsa", pero ni media palabra sobre las causas inmediatas del mismo.

¿Qué le hubiera costado unir su voz a la del presidente del Gobierno para denunciar estas descaradas maniobras especulativas sin que ello significase renunciar a su discurso crítico, legítimo, por supuesto, contra la política económica del Gobierno? Muy poco. No le hubiera costado nada. Pero no lo hizo. Y así, entre otras cosas, perdió una magnífica oportunidad de cerrarnos la boca a quienes sospechamos con fundamento que el discurso de la derecha necesita las malas noticias económicas para reforzar sus aspiraciones políticas.

Las sospechas crecieron al escuchar la parte de la rueda de prensa posterior a la cita en Moncloa que Rajoy dedicó a hacer la descripción de los males que nos aquejan. Acompañada de su acostumbrado fatalismo: se acaba el tiempo, la situación es crítica, vamos de mal en peor*

No me extraña que, en esas condiciones y con esos antecedentes, ellos mismos, Zapatero y Rajoy, acordaran el estrechamiento del campo para hacer posible la reunión. Es decir, limitar la agenda de la misma a la cuestión griega y la reforma de las Cajas de Ahorro.

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