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LA VOZ LIBRE
jueves, 29 de abril de 2010, 17:07
Una institución averiada

Lo que le faltaba a la crisis económica que nos devora es la crisis institucional que nos enfrenta. Este jueves el Parlamento catalán aprobará una resolución reclamando la renovación del Tribunal Constitucional, de cuyos doce miembros, como se sabe, solo la mitad reúnen todas las condiciones legales, administrativas, políticas, éticas y estéticas para dictar una sentencia creíble sobre el Estatuto de Autonomía de Cataluña.

Los otros seis están fuera de juego. Uno está recusado, otro está muerto y cuatro agotaron su mandato hace dos años y medio ¿Quién puede extrañarse de que las dos principales fuerzas políticas catalanas, los socialistas de Montilla y los nacionalistas de Artur Mas, el titular y el aspirante, los que gobiernan y los que aspiran a gobernar, hayan hecho frente común para pedir que el actual Tribunal Constitucional se renueve, no sólo en los miembros caducados sino también en su principal ley reguladora, o se declare incompetente para pronunciarse sobre los recursos que pesan sobre el Estatut?

Otra cosa es el oportunismo político que se desprende de esta iniciativa. Las dos principales fuerzas competidoras en las próximas elecciones catalanas, a celebrarse en apenas seis meses, han metido en la campaña el gatillazo del Tribunal Constitucional respecto al Estatut. Las dos, PSC y CiU, junto a la minoritaria IC, han formado este frente común del catalanismo, del que se queda fuera el PP como partido firmante del principal de los recursos presentados contra el Estatut ante el Tribunal Constitucional.

La otra fuerza política componente del "tripartito" gobernante en la Generalitat, que es Esquerra Republicana de Cataluña, se ha descolgado de dicho frente pero este jueves votará de todos modos a favor de la resolución.

Sobre ese escenario, socialistas y convergentes han hecho sus cálculos electorales. Montilla no puede ceder a Mas la exclusiva del cabreo catalanista ante los síntomas de rechazo del Estatut en el Tribunal Constitucional. Y Mas tampoco quiere renunciar a su imagen de partido moderado que aspira a ocupar la centralidad de la política catalana tras ocho años de un "tripartito" de izquierdas con demasiadas sombras en el balance de dos Legislaturas.

Respecto a la reprobación de fondo al Tribunal Constitucional, la realidad se lleva por delante las apelaciones al respeto debido a la institución, recientemente formuladas por su presidenta, María Emilia Casas. Inútil esfuerzo por ocultar el hecho de que se trata de una institución averiada. Además, Casas confunde la falta de respeto con el legítimo ejercicio de la crítica de los poderes públicos y sus instituciones. También éstos tienen el deber de hacerse respetar. Incluidos el Tribunal Constitucional y la clase política de la que aquel es de hecho y de derecho una criatura.

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