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LA VOZ LIBRE
lunes, 17 de agosto de 2009, 10:10
La maldición del 10

 

Hoy es el día. El Inter llega a Madrid para tratar de convencer a Wesley Sneijder de que acepte su propuesta y abandone el club blanco. Si se consuma la marcha del holandés no hará sino prolongar la Maldición del 10, aquella que consigue que todos los portadores de ese dorsal en el club blanco salgan por la puerta de atrás.

Y es que desde que existe numeración fija en la Liga española, algo que se hizo obligatorio en la temporada 95-96, sólo cinco jugadores han lucido ese dorsal en el Real Madrid. Y todo los antecesores de Sneijder acabaron dejando el club blanco de mala manera.

El primer portador del dorsal fijo con el 10 a la espalda fue el danés Michael Laudrup. Procedente del Barcelona, Laudrup ayudó a conquistar la Liga de Valdano (temporada 94-95) aunque su estrella se fue extinguiendo en la siguiente. A la finalización de su contrato, el 30 de junio de 1996, sólo dos temporadas de blanco, aceptó una oferta del Vissel Kobe japonés y abandonó el Bernabéu.

El dorsal lo heredó el holandés Clarence Seedorf, fichaje expreso de Fabio Capello en su primera etapa y que hizo una colosal campaña a las órdenes del italiano. Ganó la Liga esa temporada y fue una de las piedras angulares para la conquista de la Séptima, un año después. Sin embargo, un bajón de sus prestaciones y la elevada deuda económica que arrastraba el club obligaron a que fuera vendido en el mercado invernal de la temporada 99-00 al Inter.

Y entonces llegó Luis Figo, de la mano de Florentino. El portugués, 60 millones de euros más IVA, dejo muy tocado al Barcelona y el jugador se convirtió en toda una declaración de las intenciones de Pérez al frente del club. Sin embargo, y pese a dos primeras temporadas más que notables, el portugués acabó abandonando el club por la puerta de atrás al no ser renovado a la finalización de su contrato.

A Figo le reemplazo Robinho, quien llegó en loor de multitudes pero que en muy pocas ocasiones hizo honor a su fama. Tras un primer partido, en Cádiz, que marcó al madridismo, en muy pocas ocasiones reeditó la calidad mostrada en el Ramón de Carranza. Fundamental en la primera vuelta del último título liguero del Real Madrid, el brasileño sacó su lado más llorón para pedir aumento tras aumento de sueldo y acabó aceptando una oferta del Manchester City para convertirse allí "en el mejor futbolista del mundo". De momento anda algo lejos.

Y cuando Robinho soltó el dorsal, éste lo heredó Wesley Sneijder, quien llevaba ya una temporada en el club con el 23 a la espalda y que había hecho una primera temporada más que notable. Sin embargo, una desdichada lesión en pretemporada, el peso del 10 y ciertos problemas extradeportivos hiceron que su rendimiento bajara muchos enteros durante la última campaña. Si se marcha, lo hará también como un futbolista mediocre y no como el enorme jugador que es. Como todos sus antecesores.

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