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LA VOZ LIBRE
lunes, 27 de julio de 2009, 11:08
Zapatero, ese líder tan, tan de izquierdas

Menudo fin de mes estamos teniendo. Está ocurriendo de todo, y la crispación política y social está, me parece, incrementándose hasta niveles difícilmente soportables para la ciudadanía. "Surrealista", fue la definición que un colega alemán, que conoce bien España, me hizo de la suma de algunos de los episodios por los que transitamos.

Un ejemplo. Vaya por delante mi bastante descriptible y, por tanto, limitada, consideración hacia la figura política -política he dicho, sí- de Gerardo Díaz Ferrán, el presidente de la CEOE, y hacia algunos en su entorno. Nos hacen añorar continuamente al inolvidable José María Cuevas, al tiempo que nos sugieren la vieja figura del empresario absorto apenas en sus intereses y buscando el favor de los que mandan más que el éxito a través del propio esfuerzo. Pero no puedo, al tiempo, alabar la irritada posición adoptada por el presidente del Gobierno contra la patronal ante el fracaso del diálogo social que tanto había aireado La Moncloa.

La Moncloa, un mal escenario

Zapatero, en su afán por quemar etapas lo más rápidamente posible, se precipitó incluso al montar el escenario de lo que debería haber sido el gran pacto, una cena en el palacio presidencial con todos los actores, sindicatos, patronal y ministro, presentes. El caso es que el asunto no estaba suficientemente cocinado, que el ministro de Trabajo, Celestino Corbacho, hizo mal los cálculos, pasándose de prepotente y creyendo que todos dirían amén a sus dictados, y que el edificio del diálogo, tan necesario en estos tiempos de desempleo rampante -ya verán en otoño, ya-, se ha derrumbado; ¿serán capaces las partes de reconstruirlo, de llegar a una suerte de 'pacto de La Moncloa' en versión 2010? Temo que no va a ser fácil.

A ver cómo lo explica Zapatero, más allá del puro bofetón verbal a la CEOE, cuando, el próximo viernes, cierre el curso -aunque, vista su agenda, parece que ya está de vacaciones- con una esperada rueda de prensa en Moncloa. A ver cómo piensa reanudar el diálogo con los 'agentes sociales', a ver cómo explica la inactividad del Ministerio de Medio Ambiente, Marino, Rural y qué sé yo cuántas cosas más a la hora de las campañas para prevenir incendios (ya sé, por supuesto, que las competencias son autonómicas, pero entonces, ¿para qué sirve este Ministerio? ¿para qué sirven otros que diariamente tienen que justificar su necesidad?).

A ver cómo argumenta que no se hayan facilitado cifras concretas sobre la financiación autonómica, y el privilegiado papel que le ha permitido jugar a Esquerra Republicana de Catalunya. A ver cómo explica lo de Gibraltar, y el acercamiento diplomático -necesario, creo, pero que tantas suspicacias levanta- a Hugo Chávez, quizá la mano venezolana que mece la cuna de lo que ocurre en Honduras. Sí, definitivamente, ZP tiene mucho que explicar, aunque él utilizará a fondo su optimismo antropológico y su nula autocrítica para dar su versión.

Rajoy no puede hacer oposición

En fin, el caso es que también Mariano Rajoy saldrá, el mismo día y desde Santiago de Compostela, a valorar el curso político que se acaba. Solamente que me permito dudar de que Rajoy pase de emitir algún tipo de comunicado, sin atreverse a comparecer ante los micrófonos de la prensa. Su actitud acobardada en el 'caso Gürtel' -me refiero a tolerar que Luis Bárcenas siga siendo tesorero del partido; es algo que deerá solucionar urgentemente, sin fiarse de la tregua agosteña_le está desgastando hasta el punto de que le impide hacer una oposición efectiva. Y, mientras, en el PP florecen algunas luchas intestinas, el vicesecretario Javier Arenas se enfrenta a la secretaria general, la lideresa Esperanza Aguirre trata de recuperar un protagonismo que ahora nadie ostenta, Menudo panorama.

Menos mal, en fin, que nos queda Patxi López. Una chalupa sensata -el 'popular' Basagoiti también lo está haciendo muy bien en el País Vasco_en un mar surrealista. La 'cumbre de la anchoa' que el lehendakari ha protagonizado en Comillas con el presidente cántabro, Miguel Angel Revilla, apenas ha merecido sino páginas pares en la prensa nacional. Pero es un hito más hacia la superación de una inexplicable anormalidad. Que Ibarretxe nunca acudiese en visita oficial a la vecina Cantabria, donde tantos vascos pasan las vacaciones y viven, era un claro síntoma de una anomalía política, de ese surrealismo al que antes me refería y que nos afecta a la clase política, a la judicatura -que esa es otra; no me detengo en ese terreno para no alargar demasiado este resumen semanal--, al mundo empresarial. Y, a veces, reconozcámoslo, también al mediático.

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