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LA VOZ LIBRE
viernes, 03 de febrero de 2012, 15:36
Recreación del banco hipotecario de la construcción

Aunque sea una contradicción, con el constante mensaje de demonización contra el sector inmobiliario divulgado hasta la saciedad por los mismos agentes que lo provocaron y según ellos, causante desde hace más de cuatro años de todos los males de la sociedad y la economía española, y repetido machaconamente como papagayos por una gran mayoría de contertulios de los medios audiovisuales y por una serie de ¿expertos inmobiliarios? que se limitan a centrar el problema en los precios, la dura realidad es que el pretender achacar como chivo expiatorio de la debacle económica que nos afecta al sector inmobiliario, no deja de ser un atentado intelectual y no resiste el más mínimo análisis.

Lo que resulta curioso y paradójico es que ningún representante de las diversas organizaciones patronales del sector no haya salido a contar la verdad, y prefieran seguir callados en el más vil de los silencios. Es más, las voces que han salido a los medios, no ha sido más que para decir generalidades vacías de contenido y sin profundizar en los temas, y con un cuidado exquisito de no rozar e implicar en sus responsabilidades (que son muchas) ni a la banca ni a las administraciones públicas.

En su inmensa mayoría, se han limitado a hablar de la especulación y de los cientos de miles de viviendas que están sin vender, sin aportar jamás datos concretos y contrastados. Y por otro lado, están los informes de determinadas sociedades, parciales y muchas veces manipuladores en los que entremezclan suelo, garajes, locales, viviendas primera residencia y un largo etcétera de productos inmobiliarios, con lo que la confusión está asegurada.

Bien es cierto, que se han cometido auténticas barbaridades y de cuyas génesis y autores no consideramos oportuno debatirlo en este lugar, lo cierto es que nos encontramos con unas miles de viviendas (nuestros estudios las sitúan entre 160.000 a 190.000 unidades) que no tuvieron salida antes, no la tienen ahora y es difícil que la tengan después. Pero en una gran mayoría, no como consecuencia de su precio, sino por su ubicación, sin ningún tipo de servicios básicos, colegios, hospitales, etc., y situados a 40 ó 50 kilómetros de poblaciones de primer orden.

Otras en localidades costeras, lo de costeras es por su municipio, porque una gran mayoría se encuentran igualmente en ubicaciones infames. Aún así, éstas si saldrán del mercado en el momento en que se normalice la situación económica europea. Cuestión de tiempo.

Pero el gran problema es el suelo. Suelos, muchos de ellos igualmente situados en ubicaciones infames, sin desarrollo de planeamiento urbanístico, comprados a precios desorbitados (no sabemos por qué razón, la verdad es que si la sabemos, pero tampoco es el motivo de este artículo). Dichos precios, junto con la demencial política de gestión urbanística a desarrollar por las diecisiete diferentes leyes del suelo de cada comunidad, hacen completamente inviable, como consecuencia de la repercusión económica sobre el m² construido, ningún tipo de actuación sobre los mismos.

Ahí, ahí está el verdadero descalabro financiero de la banca en el sector, y naturalmente la única solución posible, es poco a poco, por un lado, provisionar y, por otro lado, pasarlo a pérdidas, y al mismo tiempo, en lo que tengan viabilidad y racionalidad técnica y económica, iniciar o terminar la gestión urbanística y sacarlo al mercado con precios razonables.

En esta situación la banca ha decidido (y es posible que razonablemente) cerrar a cal y canto cualquier tipo de inversión en el sector, sea buena o mala, ni con garantías ni con avales, cualquier cauce de financiación en el sector.

Todo ello, conlleva a una paradójica situación.

Por un lado hay decenas de promotores honrados, con suelos y proyectos completamente factibles con clientes con garantías. Por otro, miles de clientes con necesidad imperiosa de una primera vivienda, en ubicaciones y a precios razonables, con garantías de solvencia económica, para los que acceder a un crédito hipotecario es misión imposible.

Es más, independientemente de la demanda nacional, hay una importante demanda exterior, no sólo de los tradicionales compradores del exterior (Inglaterra, Alemania, etc.) sino de países emergentes y que no compran en la actualidad porque, al igual que los españoles, la mayoría que se ofrece son auténticas e infames chapuzas y, naturalmente la cerrazón total al ya mencionado crédito financiero, ni aún con razonables garantía avalísticas.

Esta es la auténtica realidad del Sector, quieran sus voceros manipuladores reconocerlo o no.

Es archiconocido los medios y ventajas de que disponemos en comparación con los demás países europeos. ¿Por qué empeñarnos en hacer tornillos cuando en Alemania los hacen mejor y más baratos?

En estos momentos el único sector, aunque con apuros, que se está salvando de la quema es el Turismo.

Potenciémoslo y sin ninguna duda la construcción es un pilar imprescindible. Es decir, hay que hacer todo lo contrario que hasta ahora.

Basta, paremos inmediatamente de criminalizar y demonizar a la construcción y convénzanse que hasta que ésta no se ponga en marcha la travesía será mucho más dolorosa.

Eso sí, tiene que haber un plan director y centralizado, paralizar la voracidad fiscal de las diferentes administraciones sobre el sector, racionalizando tanto las cargas económicas como la interminable y agotadora gestión burocrática administrativa, que no dan lugar más que a mordidas, intermediarios públicos y privados, y que naturalmente repercuten sin más remedio en el comprador final.

En estos momentos, disponemos de un equipo de profesionales: abogados urbanistas, economistas, arquitectos e ingenieros, dispuestos a colaborar en un tiempo máximo de 90 días en un Plan Director que marque las pautas para que, con la creación de la Agencia de Financiación Pública, se cree en un tiempo máximo de un año 400.000 puestos de trabajo directo y 900.000 indirectos.

Creemos que vale la pena estudiarlo e intentarlo.

Téngase en cuenta que va para cuatro años que no se inician las cimentaciones de obra nueva, pero es que desde que se toma la decisión de comenzar una promoción, hasta la entrega de la licencia de primera ocupación, transcurren otros cuatro años, por lo que nos podemos encontrar de nuevo que en un par de años la demanda de viviendas vuelva a ser un problema acuciante. De hecho, aunque no se haya manifestado públicamente, ya lo es.

Nuestra propuesta es la siguiente:

Créese urgentemente, o recréese el antiguo Banco Hipotecario o Banco de la Construcción, es más, si no se quiere entrar en una colisión de intereses con la banca privada, en vez de Banco, llámase Agencia de Crédito a la Construcción, o cualquier otro símil.

Beneficios:

a) A dicha Agencia se la dotaría de fondos públicos y se centralizaría, con lo que al tiempo se podría empezar a poner en marcha la inaplazable modificación del artículo 8º de la Constitución.

b) Dicha Agencia, al objeto de estudiar la viabilidad de cada proyecto, estaría compuesta en gran mayoría por arquitectos, ingenieros, economistas, etc., con lo que paliaría el auténtico debacle en estas titulaciones, que no solamente está obligando a una diáspora, sino lo que es más grave, a una reducción en matriculaciones universitarias.

c) Supondría de nuevo la creación de miles de puestos de trabajo, tanto en la construcción como en infinidad de industrias auxiliares.

d) Abriría de nuevo las puertas a la esperanza de adquirir una vivienda en condiciones aceptables a miles de jóvenes.

e) De manera indirecta ayudaría a la banca a liberar activos cuyos inmovilizados lastran gravemente sus resultados e imposibilitan la puesta en circulación de créditos imprescindibles para la recuperación económica.

Inconvenientes: Ninguno, absolutamente ninguno. Es simplemente una cuestión de voluntad y trabajo. ¿A qué esperamos? Dejemos de escuchar los lamentos jeremaicos del sector, en el que sólo saben hablar de bajar precios, solución por otra parte imposible de adoptar por una serie de múltiples causas, entre las que cabe destacar los desaforados costes, tanto económicos como de gestión en el planeamiento y gastos indirectos que ocasionan los innumerables trámites ante las administraciones públicas, pero sobre todo, y por encima de todo, los cauces financieros, tanto para el promotor como para el usuario final, en la actualidad prácticamente inexistentes.

España es un gran país. Lo hemos demostrado en el curso de los siglos, y no solamente por epopeyas históricas, sino con el ejemplo del ingenio, el trabajo, la creatividad y el espíritu de sacrificio. Nuestros profesionales técnicos, ingenieros en todas sus especialidades, juntamente con los profesionales de la medicina (especialmente cirujanos), son respetados y admirados en todo el mundo. Las escuelas de formación, tanto de Ingeniería, Arquitectura y Medicina, están desde hace más de un siglo a la cabeza mundial de sus respectivas especialidades. Diferentes cátedras de Universidades de todo el orbe están dedicadas y muchas de ellas dirigidas por españoles.

Durante diferentes momentos históricos, hemos sido luz y ejemplo, en Cultura, Arte y Humanidades. ¿Por qué esta agonía social?

Dejemos de lamentarnos, cojamos al toro por los cuernos, si hay que rectificar y empezar de cero, hagámoslo, pero ya, y acordémonos que más vale plantar una cosecha nueva que llorar toda la vida la que se perdió.

Recordemos el inmediato pasado solo para no caer en su infame resultado social y tengamos el firme convencimiento de que no importa un presente malo cuando caminamos hacia un futuro esperanzador. Nuestras presentes y futuras generaciones ya nos lo están demandando.

La creación de esta Agencia Pública de Financiación, insistimos en que no sólo no causa perjuicio alguno ni entra en colisión con ningún tipo de interés establecido, y es completamente factible, rápido de establecer y sobre todo práctico y eficaz, para paliar la situación terminal de un sector que precisa urgente soluciones.

 

(*) Carlos Orozco Villanueva nació en Madrid en 1945 y estudió en el colegio Marín Amat. Desde hace más de 40 años se dedica al Sector de la Construcción en sus vertientes de constructor y promotor. En la primera, realiza obra civil, tanto en España como en Sudamérica. Como promotor realiza promociones, tanto residenciales como terciario y principalmente industrial. Es especialista, colaborando con arquitectos y abogados urbanistas, en la materia del suelo, del que considera que es la base fundamental del éxito o fracaso de cualquier operación inmobiliaria. En la actualidad, está en los remates de una de las promociones inmobiliarias más importantes de España (Málaga), al tiempo que desarrolla la implantación de dos parques logísticos en República Dominicana y Panamá.

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