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LA VOZ LIBRE
lunes, 23 de enero de 2012, 07:47
Dar la cara dura

Cuando se dice de alguien que ha “dado la cara”, como dijo hace poco Ana Pastor de la “directora de ratings soberanos para Europa y África de Standard and Poor’s” en Los desayunos de TVE, significa una de dos: 1) diccionario en mano, que ha respondido de los propios actos y ha afrontado las consecuencias —lo cual, viendo la entrevista, parece mucho decir—; o 2) que al menos se ha dignado comparecer ante las cámaras, aunque haya sido para todo lo contrario, esto es: en un intento por justificar sus actos y no tener que afrontar las consecuencias (algo, por lo demás, muy poco probable para los de su gremio; hoy, simplemente, tienen muy mala prensa). La presentadora del programa, sin descartar el buen sentido, apelaba más bien al buen entendedor.

Sólo que a lo segundo no lo deberían llamar “dar la cara”, porque eso toda la vida ha sido “tener cara (dura)”, que es, por ejemplo, la de quien con buen talante articula un discurso engañoso. El de la directiva de S&P se puede resumir así: las calificaciones de la agencia están basadas en el estudio y el análisis (cuantitativo y cualitativo) de “datos empíricos”; pero, al fin y al cabo, lo que damos son “opiniones”. Como diría aquel: ¡sos inimputable, hermana! Como lo son sus jefes y colegas del otro lado del charco; y la competencia, es decir, las otras dos agencias (Moody’s y Fitch) que en estos momentos mueven el sol y las demás estrellas, y cuyo cometido —nos dicen— es el de trabajar “del mejor modo posible” para ofrecer meras “opiniones” sobre la rentabilidad del resto del mundo “a medio y largo plazo”; o, lo que es lo mismo: “la probabilidad de impago”. Opiniones estas muy rentables, por cierto, para las agencias que las emiten, como llegó a reconocer la señora Fernández de Heredia en Los desayunos: a la certera pregunta de Ana Pastor de si las agencias reciben o no todo tipo de presiones a la hora de calificar la deuda de, verbigracia, los distintos “estados soberanos” que evalúan, la distinguida señora con elegante traje fucsia, soltó una de las falacias de mayor calibre de toda la entrevista (el anacoluto la delataba): “A ver, nosotros… em… la… nos basamos en nuestra independencia a la hora de la toma de decisiones. Tenemos unos criterios en los cuales nos basamos, y, si nosotros nos desviamos de esos criterios por las presiones que podamos tener, al alza o a la baja, sobre los ratings, entonces estaríamos perdiendo esta independencia y esta imparcialidad y estaríamos fuera del negocio”. Según lo iba diciendo, yo sentía una especie de hormigueo en la sangre; y es que la falacia, sobre todo la que consiste en negar la evidencia, entumece las meninges de quienes la profieren y quienes la oyen (menos las de quienes leen). Y, si además se remata con una expresión tan castiza como “estar fuera del negocio” (es decir, ‘out of business’), hasta el más cauto se turba. Ya puestos, podría haber añadido: …y quedarnos sin “los grandes pavos” (‘the big bucks’), o sea, los billetes. Pero la cosa es seria.

Me cuento entre los más analfabetos en materia económica del planeta, pero tampoco me chupo el dedo. He visto el documental de Charles Ferguson, Inside Job, donde se explica por qué los culpables de la actual crisis mundial son las agencias de calificación, junto con las de inversión y los bancos, en connivencia con los gobiernos de turno (con todos, desde Regan a Obama, en el caso de Estados Unidos). Y algo aún más inquietante: cómo toda esta mafia financiera ha estado asesorada y legitimada en todo momento por economistas de las más prestigiosas universidades estadounidenses. El documental es tan ilustrativo como demoledor. La mejor traducción al español del título, a mi entender, sería Inside Job o ‘lo que se cuece’, esto es: la mayor estafa financiera de la historia, efectivamente, cocinada por las agencias, los bancos y los gobiernos (integrados por miembros de esas mismas agencias y bancos) para salir ganando con la quiebra y la ruina generalizadas. Lo curioso es que los culpables se excusaron en su día de manera muy parecida a la usada por la señora Fernández de Heredia: “nosotros damos sólo opiniones”.

En fin, aquí la única persona que ha salido a dar la cara en los últimos tiempos ha sido Pepe, del Real Madrid, y, que yo recuerde, nadie más desde aquella joven socorrista de piscina que se hizo célebre diciendo aquello de “la he liao parda”, y que además pidió perdón por los daños causados (o “trastornos”, como los llamó ella, sin vacilar; lo cual la honra, y no es choteo) por la mezcla tóxica que hizo de unos productos para el mantenimiento de una piscina. En cambio, quienes crearon la “burbuja financiera” que estalló en 2008, siguen hoy intoxicando a diario eso que llaman “los mercados”. No nos engañemos: si hoy hacen algo remotamente parecido a dar la cara, es porque les conviene.

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