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LA VOZ LIBRE
lunes, 08 de marzo de 2010, 10:28
Aires de Cuba y Venezuela

Castro y Chavez, los guerreros del ALBA (2004), vuelven a entrar en la reyerta política nacional. La nuestra, se entiende. El cubano, por cuenta de un disidente muerto tras una huelga de hambre de 85 días. El venezolano, por una supuesta y no nueva conexión con el terrorismo de ETA. Entre nosotros la controversia se centra en lo que debe hacer España, y no tanto en una indagación seria sobre dos regímenes que están frenando el desarrollo de la democracia en la región.

En ambos casos, se invita al Gobierno de España a ser contundente con la dictadura castrista y el régimen populista instalado en Venezuela por Hugo Chavez. Contundencia obligada en nombre de la libertad, la democracia y los derechos humanos. Esas son las apelaciones que, en el caso de nuestra particular derecha sin complejos, se suponen ajenas al presidente del Gobierno, Rodríguez Zapatero. Y a partir de ahí, leña al mono que es de trapo.

Primero fue la tardanza del presidente en denunciar a la dictadura castrista por la muerte del disidente, Orlando Zapata, a pesar de que en aquellos momentos, cuando se conoció la noticia, estaba interviniendo ante la Comisión de los Derechos Humanos de la ONU. Y después, la falta de respuesta ante una extravagancia verbal de Chavez, que atribuyó a la inercia colonialista española, apadrinada por los "yankees" un auto del juez Velasco que dicta el procesamiento de media docena de etarras.

Si descontamos la fobia a Zapatero que anida en sectores políticos y mediáticos de la derecha más irreductible, tan propensa a celebrar cualquier motivo para seguir practicando el tiro al blanco contra el presidente del Gobierno, vale la pena una aproximación seria al asunto. Sería insuficiente, o parcial, planteada sólo en el terreno de los grandes principios. Nos llevaría a proponer soluciones drásticas pero ineficaces. La más socorrida, el aislamiento del castrismo, o del chavismo, cuyo primer paso sería la ruptura de relaciones diplomáticas.

Si asumimos que el aislamiento es la mejor receta para reprobar a los países poco amigos del sistema democrático o que amparan a terroristas, hasta las piedras saben que Cuba y Venezuela no tienen la exclusiva. Miren el cuadro y verán qué larga es la lista de países donde se reprimen las libertades o se violan los derechos humanos. Empezando por China, que nos queda lejos, y siguiendo por Marruecos, que nos queda cerca, por citar algunos de los más visibles en perspectiva española.

Debemos asumir que, para bien o para mal, las relaciones internacionales no se basen en principios sino en intereses. Habría que saber, por ejemplo que pensarían ciertas empresas españolas sobre una eventual ruptura de relaciones diplomáticas con Venezuela y Cuba. No estarían de acuerdo. Y eso no nos permite mandarlas de un plumazo al bando de los enemigos de la libertad. Como tampoco se puede decir semejante cosa de Zapatero por ser más o menos comprensivo con Castro y Chavez.

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