lunes, 05 diciembre 2016 |  Suscríbete al BOLETÍN | RSS
LA VOZ LIBRE
miércoles, 03 de marzo de 2010, 15:35
Ciencia y más allá

Hay quienes, no contentos con divulgar los hallazgos de la ciencia, se afanan en sugerir, cuando menos, que quizá no seamos más que lo demostrado en el último estudio de tal o cual experto. Y ya no es solo la existencia de un creador la que a todo propósito se trata de arrumbar, sino la de una forma de vida mucho más patente: la persona.

En el supuesto de que la ciencia llegue a un conocimiento total del universo y de que su aplicación tecnológica reduzca nuestra naturaleza humana −paradójicamente, por el hecho mismo de extenderla de forma artificial−, difícil es que lo que constituye nuestro soporte biológico no se atrofie en cierta medida, como por ejemplo sucede con la capacidad para el cálculo mental si se usa siempre la calculadora. Y es que las posibilidades de la tecnología se nos presentan hoy casi ilimitadas: nanotecnología corriendo por nuestras venas, realidad virtual incorporada al cerebro, viajes a la velocidad de la luz… Pero su aplicación indiscriminada a la vida humana, sin embargo, hace prever, con no poca claridad, el aciago comienzo de una involución en todos los sentidos.

Ahora bien, ni la ciencia ni su aplicación vienen a cambiar ni un ápice del núcleo que constituye la persona. A dilucidar esta cuestión dedicó Julián Marías un pequeño libro, titulado precisamente así, Persona, al cual remito encarecidamente al lector. En él sostiene don Julián que las categorías usadas para pensar las cosas no sirven para pensar la persona. Ésta es la verdadera singularidad, y no el completo dominio sobre la naturaleza que, por lo demás, parece que últimamente se nos resiste; tampoco lo es dotar a la memoria humana de los atributos de la informática, por muy avanzada que ésta sea. La precisión en nuestros cálculos no constituye ningún cambio radical en nuestra condición; lo realmente personal no tiene nada que ver con la exactitud, sí, en cambio, con la capacidad de hacer balance vital y determinar lo que vale la pena y lo que no.

Conocer el funcionamiento del universo y del cuerpo humano, e incluso llegar a manipularlos a nuestra voluntad, no significa poseer el conocimiento de, ni el poder sobre, su razón de ser. Las leyes de la naturaleza no excluyen lo trascendente de la persona ni, por tanto, a Dios. Las conclusiones últimas son personales y van más allá, siempre.

Comentarios

Comenta esta información

Usuario:
Comentario:
Ver condiciones
Ver términos legales
Código de seguridad:
Copia el código:


Se publicará en breve
 
 
 
 
enviar  imprimir  enviar 


La Voz Libre on Facebook
Encuestas

ENCUESTA

¿Le parece una buena medida la subida de impuestos a alcohol, tabaco y bebidas azucaradas?
Ver anterioresVer resultados
        

La Voz Libre en tu correo