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LA VOZ LIBRE
martes, 07 de julio de 2009, 12:21
Esto tiene mal cariz...

Me encuentro entre quienes han defendido la presunta inocencia de Francisco Camps, el presidente de la Generalitat valenciana, acusado de un presunto cohecho por importe de unos cuatro mil euros, valor de los trajes que le habrían regalado 'los Gürtel'. Confieso que me ha sorprendido la decisión de la justicia, que quiere sentar a Camps en el banquillo: nada que objetar, si en el banquillo se sentasen gentes que han provocado mucho mayor escándalo social. Pero, en todo caso, ahora ¿qué?

Pues ahora, rayos y truenos. Creo que Camps se ha equivocado, se está equivocando, en la gestión del caso: hace tiempo que tendría que haber salido a la palestra para explicarlo todo, reconocer lo que hubiese de ser reconocido, mostrándose más accesible a los medios y a la opinión pública. Sigo pensando que lo suyo no es corrupción, sino -que me perdone- estulticia. Le ha hecho más daño llamar "amiguito" al 'bigotes' de Gürtel que aceptar, si es que lo ha hecho, tres trajes, un chaleco y qué sé yo qué otras prendas. La corrupción, no económica, sino democrática, es no reconocer los hechos, negarse a hablar con los periodistas y utilizar la tele autonómica para imponer la paz del silencio.

Lo digo como lo siento, que es como se deben escribir los artículos: confío en que Camps salga bien librado de ésta en los tribunales, porque lo merece, pero temo que le corresponde asumir algún castigo político, probablemente porque también lo merece. La imagen de un presidente autonómico en el banquillo no es usual; esto tiene mal cariz.

Y lo mismo con el tesorero del Partido Popular, Luis Bárcenas. Todos, en el principal partido de la oposición, te dicen 'sotto voce' que Bárcenas tiene que abandonar su despacho, pero, ante los micrófonos, afirman otras cosas. El caso de Bárcenas es diferente del de Camps: el presidente de la Generalitat valenciana es un bastión para su partido, sigue siendo necesario para ganar elecciones. Y, además, el sumario comporta cuestiones distintas y distantes, de menor tamaño, si se me permite. Puede que Bárcenas sea inocente como un cordero pascual de cuanto se le imputa, pero el daño que está haciendo a su partido permaneciendo donde está es inmenso. Al final tendrá que irse, y puede que sea ya demasiado tarde...

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