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LA VOZ LIBRE
sábado, 04 de julio de 2009, 20:03
La caída de Saiz

El caído director del CNI (Centro Nacional de Inteligencia), Alberto Saiz, había sido nombrado por Rodríguez Zapatero para un segundo mandato de cinco años hace dos meses y medio. Por aquel entonces ya era conocedor el Gobierno de los problemas internos que se habían creado en el Centro a raíz de los sucesivos cambios de personas y sistemas de trabajo introducidos por Saiz a lo largo de su primer mandato.

Hay que preguntarse, entonces, si es que en estos dos meses y medio en Moncloa han sabido cosas que antes no sabían, en relación con dichos problemas. En ese caso, tendríamos que constatar que el Gobierno ha descubierto en dos meses y medio lo que fue incapaz de descubrir en cinco años. Si es verdad que Saiz practicaba una suerte de cesarismo, no es de recibo que Moncloa lo haya detectado después de cinco años. Y si lo sabía de antes, no es de recibo la ratificación de su nombramiento para un nuevo período.

La otra hipótesis es que el Ejecutivo ha otorgado de repente al diario "El Mundo" la credibilidad no otorgada antes respecto a las filtraciones que hicieron llegar a dicho periódico los funcionarios descontentos con la gestión de Saiz. Si así fuera, nos engañan los portavoces oficiales cuando explican que la caída de Saiz se debe a un problema de ingobernabilidad del CNI y en ningún caso a unas acusaciones sobre la conducta personal de Saiz que se siguen considerando infundadas.

Como se ve, es muy difícil encontrar la caja negra de la caída de Alberto Saiz. Sí está suficientemente acreditado que Zapatero ha tenido un gesto de autoridad ante el evidente deterioro que estaba sufriendo la imagen de los Servicios de Inteligencia del Estado dentro y fuera de España. Eso, al margen de que la sospecha de malas prácticas en el comportamiento de su director tuvieran más o menos fundamento.

Sólo faltaba encontrar al sustituto y cuando Rodríguez Zapatero lo tuvo, en la persona del ex jefe del Estado Mayor de la Defensa, tomó una doble decisión. Por una parte, echar a Saiz. Por la otra, encargarle al sustituto, Félix Sanz, la tarea de echar, cuando pase un tiempo razonable, a quienes desde dentro han desestabilizado con sus filtraciones interesadas a Saiz, causando serios daños a la imagen del CNI, sobre todo a los ojos de los servicios de inteligencia de los países aliados.

Todo ello sin perjuicio de que Alberto Saiz se defienda de las acusaciones internas que han sugerido incluso supuestos delictivos, como la malversación de fondos públicos y el tráfico de influencias, que el ya ex director del CNI ha vuelto a negar públicamente.

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