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LA VOZ LIBRE
viernes, 12 de junio de 2009, 09:18
La resaca del 7-J

El presidente del Gobierno, Rodríguez Zapatero, previene al PP frente al espejismo de una victoria que, al fin y al cabo, no le da para salir de la oposición, puesto que no se trataba de eso en las elecciones europeas del domingo 7 de junio. Por eso le pide que tenga paciencia, que eche una mano para salir de la crisis económica y que, en todo caso, si quiere precipitar los acontecimientos, tenga el coraje de presentar una moción de censura en el Congreso.

En perversa lógica de respuesta por parte del adversario político, el jefe de la oposición, Mariano Rajoy, previene al PSOE sobre el espejismo de una legitimidad que en realidad acaba de perder en las urnas, aunque siga en el poder. Por eso exige a Rodríguez Zapatero que tome las iniciativas pertinentes para comprobar si aún conserva esa legitimidad, entendida en términos de arropamiento de los ciudadanos. En el Parlamento, mediante la llamada cuestión de confianza. O en las urnas, mediante una convocatoria anticipada de las elecciones generales.

Es el cansino debate doméstico en la lucha por el poder entre el titular, Zapatero, y el aspirante, Rajoy. Sin embargo, ese debate no toca ahora porque la Moncloa no estaba en juego en las recientes elecciones europeas. La indiscutible victoria del PP y la consiguiente derrota del PSOE, en ese contexto y no en otro, en esas circunstancias y no en otras, ofrecen un excelente yacimiento de datos útiles para la batalla decisiva que ha de librarse en las próximas elecciones generales pero no sirve para derribar el pedestal de Zapatero.

Simplemente, no se dan las condiciones para anticipar la batalla. Faltan casi tres años. Tampoco hay razones para el acortamiento de la Legislatura mediante las tres herramientas constitucionales previstas: cuestión de confianza, moción de censura y adelantamiento de las elecciones generales. En cambio, sí se dan las condiciones para que los socialistas analicen con humildad las razones de su decadencia en las urnas y el hecho comprobable de su cotización electoral a la baja desde el 14 de marzo de 2004 en elecciones de recuento a escala nacional.

Es verdad que perder unas elecciones europeas es como perder en las encuestas. Un indicio, un aviso para navegantes, las orejas del lobo, como ustedes quieran llamarlo. Pero, salvo hecatombe electoral o signos inequívocos de bancarrota política en el partido gobernante, no es suficiente para resignar el poder. Eso tiene otros protocolos.

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