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LA VOZ LIBRE
martes, 02 de junio de 2009, 11:56
Arqueología e identidad

Interesante visita a la Feria del Libro. En "El Arqueólogo Enamorado" (Daniel Casado, La Esfera de los Libros) se descubre la importancia de los mitos arqueológicos en la forja de la identidad hispana. O por decirlo de otro modo, en la formación del nacionalismo español. Especialmente dos de ellos: Numancia y la Dama de Elche. Cierto, aunque se da la paradoja de que es frecuente topar con nombres franceses, alemanes o ingleses en nuestros más sonados hallazgos.

En realidad la arqueología hispana es un típico producto del romanticismo (siglo XIX) que nace en las universidades del Midi francés y entre algunos investigadores alemanes o diletantes ingleses. Tanto detrás de los grandes yacimientos de Levante (la Dama Elche, entre otros) como de la Meseta (Numancia, por supuesto), siempre hubo arqueólogos extranjeros estudiando lo que la tierra nos devolvía.

Arqueólogos o cazatesoros. En el caso de la Dama de Elche, por ejemplo, es un campesino, Manuel Campello Esclapez, quien la rescata de las tinieblas tras un azaroso golpe de azadón el 4 de agosto de 1897, solo unos meses antes de que el Sol dejara de alumbrar a todas horas en el Imperio español. Pero quien se la queda al poco tiempo, ante la desidia de las autoridades españolas, es un arqueólogo francés, Pierre Paris, por el módico precio de 6.000 pesetas (unos 36 euros de ahora). En el Museo del Louvre nuestra bella dama acabó viviendo un exilio de 40 años. Hasta que la Francia de Vichy nos la devolvió, junto a la Inmaculada de Murillo, el archivo de Simancas y el tesoro visigodo de Guarrazar. Casi nada.

"La Dama de Elche -dice Daniel Casado-, es a la cultura ibérica lo que el Cid a la Reconquista, Viriato a la resistencia contra Roma o Isabel Preysler a Porcelanosa". Bueno, dicho sea lo de Viriato frente a los romanos con permiso de Numancia, que inspiró en 1905 el levantamiento de un horrendo monolito en el cerro de Garay, entre las nobles ruinas numantinas, "en honor a nuestros héroes y a su temprano amor por la patria". Palabras de Alfonso XIII en la inauguración de aquel obelisco con el inconfundible sello del oportunismo nacionalista.

Aquella "españolada", entendible en un país deprimido por el batacazo del 98 (pérdida de las últimas colonias), fue duramente reprobada por los arqueólogos alemanes que, a las órdenes del profesor Adolf Schulten, se estaban currando el yacimiento cuando a nuestras autoridades se les ocurrió la utilización de las ruinas de Numancia para darle un subidón a la España insegura, acomplejada y taciturna. Y entonces Schulten soltó, también él, aquello de que Africa empieza en los Pirineos.

Lo último es Atapuerca. Aún no ha tenido tiempo de incorporarse al sustrato de la identidad nacional. Ni creo que lo haga en esta España dispersa de las autonomías.

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