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LA VOZ LIBRE
miércoles, 27 de mayo de 2009, 12:36
La peque de la casa

Palabra de honor que no le tengo la menor animadversión a la ministra de Igualdad, Bibiana Aído. Antes al contrario, me parece una figura respetable, una promesa política que se concretará dentro de no mucho. Pero es demasiado pronto para ser ministra, y demasiado poco serlo de Igualdad, que es materia que no existe. Hay reaccionarios, o despistados, o frívolos, que piensan que Aído es insustancial, que habla de lo que no sabe, que tienen que llenar artificialmente un papel que el organigrama del Gobierno no le presta.

No hay tal: me parece que Bibiana Aído sabe muy bien lo que hace, y que Zapatero tampoco andaba desencaminado cuando, procedente de un cierto folclore andaluz, le dio un puesto en el Consejo de Ministros. Ha abanderado una propuesta de reforma de la ley del aborto que es claramente inasumible para la mayoría de los padres, aunque sí para la mayoría de las hijas con dieciséis años (tendrán dieciocho dentro de dos años, cuando sean las elecciones generales). Dice que "una joven puede ponerse tetas sin que sus padres lo sepan". No es lo mismo eso que abortar, aunque ambas cosas requieren una cierta preparación psicológica. Pero ambas cosas suponen también una apuesta de libertad y autonomía que, a mí personalmente, padre de dos hijas en edad de merecer, me parecen excesivas a la temprana edad de dieciséis años.

Bibiana Aído es la peque de la casa en el Consejo de Ministros, lo mismo que la niña de dieciséis en algunos hogares (el mío, sin ir más lejos, en su momento y por partida doble). Le digo a usted la verdad: no sé qué haría si la nena hubiese llegado con un problema de embarazo no deseado, o en el que ni siquiera está segura de si va a no a desearlo; pero sí sé que a mí me gustaría conocer su dilema y estar ahí para aconsejar, apoyar y, si se tercia, llorar con ella cuando sea menester.

Si algo tengo que reprochar a la ministra de Igualdad y, aún más, a su jefe, es la dureza en sus planteamientos. Todos, la señora Aído y el mismísimo Zapatero, que tan negativo papel hace jugar a su ministra, necesitamos un hombro sobre el que derramar lágrimas en algún momento de la vida. La peque que algunos tienen en casa, ese ser inquieto de dieciséis primaveras, seguramente lo necesita más que nadie: que decida después de haber empapado de reflexión los hombros de sus padres.

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