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LA VOZ LIBRE
martes, 26 de mayo de 2009, 16:11
El pésimo ejemplo británico

La divulgación de los gastos absurdos, ridículos y, sobre todo, abusivos e ilegales en que incurrieron una parte sustancial de los parlamentarios británicos es posible que tenga, a la postre, el efecto benéfico del ejemplo, aunque el ejemplo no sea precisamente bueno, un mucho menos a imitar. Se nos anuncia ya que ese escándalo de las dietas, del que los medios informativos han venido explicando abundantísimos pormenores en las últimas semanas, es probable que cueste el escaño a medio Parlamento británico, lo que habrá sido una depuración y una catarsis formidable, en Gran Bretaña y en el resto de Europa.

¿Sucede algo parecido en todos los parlamentos? En estos días de la campaña de las elecciones para renovar el Parlamento Europeo se ha explicado que, en la legislatura que se propone iniciar el PE el día 7 del mes que viene, todos los parlamentarios van a percibir un mismo sueldo de casi ocho mil euros, frente a las muy abundantes diferencias que se venían produciendo en las legislaturas anteriores, en las que había europarlamentarios de primera, segunda y tercera clase, en función de los sueldos que percibían. Los españoles venían a ser de segunda, porque los había mejores y peores...

En adelante, todos serán de primera clase, y con ello, entre otras cosas, se pretende evitar el abuso que se venía produciendo entre muchos parlamentarios, que sumaban a sus sueldos algunos dineros que el PE ponía a su disposición para colaboradores y "secretarios". La cuestión de las dietas también ha venido siendo un "coladero" de irregularidades, en Estrasburgo..., y en Madrid. Resulta que no se cobra lo mismo si una persona vive en un lugar que en otro...

Pues bien, en Gran Bretaña, esa clase de abusos había llegado a extremos inimaginables y muchos de los 646 parlamentarios de la Cámara de los Comunes británica pagarán en su propia vida política los abusos cometidos en esta última legislatura: no continuarán en su escaño porque su partido los retirará "vergonzosamente", como consecuencia de esos abusivos gastos cometidos a cuenta del erario público. La distinción entre lo público y lo privado, y el abuso de lo público, es especialmente más escandaloso cuando el contribuyente -se supone que también el Estado- se ve en situación de tener que apretarse en cinturón a causa de la crisis económica.

Lo cierto es que unos parlamentarios están presentando la dimisión a su jefe de filas y otros se verán vetados en las listas de candidatos que se elaborará para los siguientes comicios después del pavoroso escándalo desatado. Y si no se retiraran por voluntad propia o por decisión de los correspondientes partidos, es probable que se vieran rechazados por los electores, a quienes no ha gustado nada esa "broma" de ver que su dinero de los impuestos sería para pagar gastos personalísimos...

En realidad, conservadores y laboristas se han visto afectados de manera parecida por esa clase de "plaga de gastos inadmisibles". De momento, se calcula que unos doscientos parlamentarios británicos tendrán que abandonar sus escaños de manera inmediata, más laboristas que conservadores, incluso sin esperar a la convocatoria de las elecciones siguientes. Pero lo peor es el desprestigio que han causado esos gastos a menudo estúpidos y ciertamente irreflexivos: desde sillas y sofás, vajillas, mesas y sillas, hasta tapas del water, pasando por viajes privadísimos y hasta mascotas, toda clase de facturas pasaron a ser gastos del Parlamento británico.

¿Sucede algo parecido en el Parlamento español?, se habrá preguntado más de un ciudadano escandalizado por el pésimo ejemplo inglés. Aquí hemos tenido noticia de viajes escasamente ejemplares de señorías, que completaron misiones especiales en visitas especiales en todo caso costosísimas para el Tesoro Público. El presidente Bono ha intentado, en los últimos tiempos, reducir a lo imprescindible esos viajes con los que sus señorías eran "regalados". Pero no cabe duda de que, sin llegar a los extremos ingleses, hay abusos y gastos que debieran ser inaceptables y, en todo caso, causa de la exclusión de quienes pretenden ocuparse de los asuntos públicos y comunes y, en cambio, aprovechan la oportunidad que se les brinda para cuidarse de incrementar su fortuna personal y sus "vicios" y satisfacciones privadas...

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