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LA VOZ LIBRE
miércoles, 06 de mayo de 2009, 16:29
¿Cambiar el régimen es cambiar el mapa del tiempo?

Si un marciano aterrizase en el País Vasco y viese algunas de las cosas que están pasando, o, mejor, leyese algunos comentarios en la prensa y escuchase ciertas conversaciones en los bares, agarraría el volante de su OVNI y regresaría de inmediato a su planeta rojo, aterrado. Porque es de suponer que incluso en Marte resultaría extraño que alguien asociase el concepto "cambio de régimen" al cambio o al mantenimiento del mapa del tiempo en la televisión oficial, la ETB en este caso.

Y, sin embargo, ocurre: si el futuro lehendakari socialista o alguien en su aún semisecreto Gobierno autonómico osase cambiar las pautas del mapa del tiempo que actualmente ofrece la ETB, estaría, dicen algunos ámbitos nacionalistas, propiciando un cambio de régimen. Y eso que parece un auténtico contrasentido que el dichoso mapa incluya apenas (o nada menos que) las provincias de Euskal Herria (las tres vascas, más las de Iparralde, en el sur de Francia, más Navarra), esa 'gran Euskadi' que es un concepto utópico que todos, pero todos, saben que es simplemente inalcanzable.

Bien, resulta que el cambio de mapa (o no) se ha convertido en una de las pruebas por las que tendrá que pasar López, a quien ya le acusan de estar formando un Gobierno monocolor, partidista (como, si tras las amenazas directas de ETA, no le hubiese dicho 'no' una docena de independientes convidados a formar parte de alguna consejería); de querer renunciar a la 'ikurriña' (lo que es falso: la bandera creada por Sabino Arana ya es la de todos en Euskadi); de pretender "cargarse el euskera" (solamente porque la nueva consejera de Educación dará más opciones idiomáticas a los padres); de "entregarse a Madrid" (¿Por querer potenciar 'la Y vasca'?); de someter a la Ertzaintza a la Guardia Civil (lo que, incluso de pretenderlo, le resultaría del todo imposible); de "intentar barrer el nacionalismo, dejándolo en el paro" (como si la alternancia estuviera prohibida en el País Vasco y solamente los peneuvistas pudieran ocupar ciertos puestos públicos)...

Eso, y mucho más, desde el campo nacionalista. Desde sectores que se sitúan muy a la derecha del PP vasco, cuya actitud de prudencia y flexibilidad está siendo, por cierto, verdaderamente ejemplar, a Patxi López le piden que no jure como 'lehendakari', que es término nacionalista, sino como "presidente"; que renuncie a los tradicionales términos de juramento, que responden al concepto peneuvista arcaico del 'Dios y las leyes viejas'; que ocupe todos los sectores de poder económico y político situando a gentes procedentes del mundo conservador; que se comprometa a no negociar nunca con ETA, que... Vamos, que de milagro no le piden que tale el árbol de Guernica.

Presiones de un lado y de otro. Jamás un gobernante en ciernes lo tuvo, me parece, tan difícil como Patxi López, ese hijo de un socialista histórico ejemplar, 'Lalo' López Albizu, a quien conocí hace muchos años, representante genuino, como Nicolás Redondo padre, de ese socialismo obrero de Santurce y alrededores en el que después tomarían el testigo profesionales como Txiki Benegas, o Ramón Jáuregui, o Fernando Buesa o, luego, Rodolfo Ares o Jesús Eguiguren, tan maltratado por haber negociado con ETA.

Pero ha sido esa negociación de la pasada Legislatura la que ha convencido a muchos vascos de que el Partido Socialista de Euskadi es capaz de acabar con la banda del horror y del terror, y de ahí el espectacular aumento de votos que logró el PSE. Y, sin echar las campanas al vuelo, he podido constatar que el ciudadano vasco, de cualquier color político, tiene más esperanzas que nunca en que esa pesadilla que a todos nos ha atenazado durante cuarenta años, ETA, puede empezar a ser, precisamente ahora, algo del pasado, a olvidar. Un optimismo que se comparte al sur del desfiladero de Pancorbo.

Claro que no digo yo que Patxi López vaya a reiniciar ahora, o ni siquiera a medio plazo, la vía de la negociación, tan popular en Euskadi y tan impopular en el resto de España. No; tengo la impresión de que el socialista López va a extremar su prudencia y dar los primeros pasos con suma cautela, prefiriendo que lo acusen desde Madrid, Zamora o Huelva, de ir demasiado lento, a profundizar en el abismo que divide desde hace mucho a la sociedad vasca. Una división atenuada en tiempos del lehendakari Ardanza y agravada, y mucho, por un Ibarretxe al que incluso en el corazón del PNV hay no pocos que lo consideran el principal culpable de todos los males, que ahora incluyen la pérdida de bastantes cómodos puestos de trabajo públicos que parecían eternamente destinados a los beneficiados por 'el partido'.

Pero, por muy despacio que vaya, López tendrá que dar oportunidades a los vascos que hasta ahora no las tuvieron, tendrá que enmendar algunos excesos educativos -"El Ebro no nace en tierras extrañas, sino en Cantabria"- y lingüísticos, normalizando el uso del euskera en convivencia con el castellano. Tendrá que reformar la Administración y las subvenciones, dar más funciones a la policía autónoma, entrar en las cajas y en los medios públicos -que no digo yo que la ETB no haya sido plural hasta ahora; ocurre, sin embargo, que ha dado excesivo protagonismo a movimientos anti sistema y cercanos a los etarras, como algún colectivo de presos-. En suma: tendrá que normalizar Euskadi, que es ese 'país' donde el resto de España ha perdido hasta la batalla semántica y donde se llama "radicales" a los amigos de los asesinos, y donde los asesinos son glorificados a las puertas de los ayuntamientos que controlan alcaldes poco a o nada democráticos.

Menuda tarea le espera a Patxi López, que ya a las pocas horas de tomar posesión en Ajuria Enea se va a encontrar con una huelga general convocada por el sindicato nacionalista y por el 'abertzale' (otra aberración semántica: 'abertzale', patriota, lo es tanto un socialista o un popular vasco como un nacionalista. O, ya que estamos, usted o yo). Una huelga que es clarísimamente política y para nada tiene que ver con motivos laborales o remotamente sindicales. Pero, claro, en el País Vasco la costumbre es disfrazar los términos, deformar los conceptos, retorcer los hechos para definirlos como lo que no son. Por ahí, tal vez, tendrá que empezar López: por llamar a las cosas por su nombre. Como, por lo demás, reconozcámoslo, ha venido haciendo hasta ahora.

Y a ver cómo resuelve el enigma: Ibarretxe, a quien, esperando no confundir mis deseos con la realidad, le auguro un pronto abandono de la política, lo ha definido con exactitud, aunque, como siempre hace, desde el lado equivocado. El nuevo Gobierno, ha dicho el todavía lehandakari, que ya ha empacado sus cosas del palacete de Vitoria, "trabajará por España, y no por Euskadi". Lo dice como una acusación, como si lo peor que pudiera hacer un gobernante vasco fuese trabajar por el bien de España. Pero hay muchos que piensan que, ahora, será posible que el nuevo Gobierno vasco trabaje por Euskadi y por España. Sin confrontación y con colaboración. Porque, ahora que pedimos llamar a las cosas por su nombre, ¿acaso Euskadi no forma parte de España? Pues eso.
 

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Dice ser margarita
miércoles, 20 de noviembre de 2013, 00:58
esta bueno

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