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LA VOZ LIBRE
jueves, 23 de abril de 2009, 11:44
Siete días trepidantes

PARECE QUE GANÓ LA 'SUPERVICE'

Una lectura que no se ha hecho, que yo sepa, sobre la reciente crisis ministerial es que refuerza a María Teresa Fernández de la Vega. Se ha quedado en el puesto, eso lo primero, cuando arreciaban los rumores sobre su relevo. Ha colocado como vicepresidenta segunda a Elena Salgado, con la que mantiene muy buenas relaciones y hasta una cierta trayectoria común. Se ha llevado las competencias de Administraciones Públicas, que tienen su importancia. Y ha debilitado, probablemente sin pretenderlo, a la ministra de Defensa, Carme Chacón, que tanto sonaba como posible 'número dos' del Gobierno y quién sabe si como alternativa a Zapatero en 2012 en el caso, que ahora se ve como altamente improbable, de que el presidente decidiese no presentarse a la reelección en los próximos comicios generales.

Pero ahora, una racha desafortunada ha hecho, parece, perder puntos a quien era (¿es?) la persona más popular de todos los ministros y hasta, con Rosa Díez, la más apreciada de la clase política, según decían las volubles encuestas de opinión. Carme Chacón se precipitó con lo de la retirada de las tropas en Kosovo, se metió en un berenjenal con la cantidad de tropas que se dice que irán a Afganistán -cuando, por cierto, varios ministros, ella también, dijeron que no habría más soldados en aquel terrible país- y, para colmo, ha perdido la batalla por el control del Centro Nacional de Inteligencia.

La permanencia, 'in extremis', del director general del CNI, Alberto Saiz, ha sido uno más de los hechos rocambolescos que jalonan la trayectoria de un Gobierno que, a veces, actúa de manera al menos peculiar. Era un secreto a voces que Chacón no quería la permanencia de Saiz, cuyo mandato expira legalmente este domingo, y también era un secreto a voces que De la Vega sí quería mantenerlo, pese a la batalla mediática para forzar su salida. Todo indica que (junto con el discreto apoyo del Rey) ha sido precisamente esa batalla, que ha incluído la filtración de algunos dossieres elaborados por gente del Centro contra el director general, la que le ha salvado el cuello político; Zapatero dice siempre que a él la prensa no le hace una crisis y no le nombra ni le destituye a los altos funcionarios.

Por cierto que Rajoy también lo dice, y en relación al mismo sector mediático que intentaba presionar para propiciar su salida de la presidencia del PP: "hay periodistas que deberían pasar por las urnas, en lugar de tratar de poner y quitar gobiernos", es una frase que se atribuye al líder de la oposición y que seguro que comparte con Zapatero. Pero el 'valor Chacón' permanece, no obstante. Por sus propios méritos, que los tiene, y muchos. Y por los apoyos con los que cuenta, algunos tan obvios como su relación familiar con uno de los más influyentes asesores 'desde el exterior' del presidente y por las simpatías con las que cuenta en el socialismo catalán.

Yo no la considero, contra lo que hace algún comentarista, casi una ex. Al contrario: figura entre los miembros del PSOE con futuro. Como el recién ascendido en el grupo parlamentario Eduardo Madina. O, atención, como Bibiana Aído. O, claro, como Leyre Pajín, que ha tomado el relevo de José Blanco al frente del 'aparato' del partido y será quien más responsabilidades tenga para no darse el batacazo en las elecciones europeas, que ya están a la vuelta de la esquina, aunque a nadie le interesen.

SARKO, UN POCO 'CANTAMAÑANAS'

Ha sentado mal a los españoles en general esa frase, atribuída por filtraciones periodísticas al presidente galo, sugiriendo que Zapatero podría no ser demasiado inteligente. La vena chusca de los internautas se ha lanzado en tromba a ridiculizar, aprovechando la ocasión, al jefe del Gobierno español, mientras El Elíseo se apresuraba a desmentir la indudable indiscreción y metedura de pata del inquieto 'Sarko', que a veces, no tanto desde luego como Berlusconi, se revela como un poco 'cantamañanas', según me dijo un funcionario monclovita.

Pero, oficialmente, la verdad es que La Moncloa no ha respondido, y hace bien, una palabra al frívolo y me parece que intrascendente episodio, al que yo no haría más caso que a ese libelo oportunista que se vende en librerías y que cuelga sobre los hombros de ZP todos esos malos chistes de leperos, que son los mismos que le atribuyeron al ministro de Exteriores Fernando Morán, y antes a Aznar, y antes a Franco y antes a Chindasvinto.

Pero hete aquí que nada menos que el portavoz accidental del Partido Popular vino, desde el atril de la reunión interparlamentaria de los 'populares' en Sevilla, y desenfadadamente descorbatado, a 'defender' a Zapatero del agravio sarkozyano, "aunque puede que (Sarkozy) tenga razón (en lo de que ZP es poco inteligente)". Me pareció hipócrita, frívola y poco leal esa, ya digo que entrecomillada, 'defensa' llevada a cabo por Esteban González Pons, otro político, éste del otro lado, con futuro, pero que en la presente ocasión estuvo, como mínimo, poco elegante.

Y eso que, pese a que la remodelación del Gobierno ha sido 'puritito PSOE', sin manos tendidas al exterior, me da la impresión de que el 'espíritu del pacto' se va imponiendo en una clase política a la que la crisis galopante -económica, social, política y moral- parece, por fin, estar preocupando y mucho. Ya veremos si, al final, ZP no se ve forzado a buscar refugio, para las grandes cuestiones como los Presupuestos, también en la derecha, tras haber hecho guiños a la izquierda prometiendo una legislación que guste a IU, ERC, BNG, Nafarroa Bai, etc.

DECLARACIONES PRECIPITADAS

Personalmente, no quiero darle tampoco mucha importancia al 'calentón de boca' del fiscal general del Estado, Cándido Conde-Pumpido, cuando acusó, en un desayuno de Europa Press, a la policía de no cooperar con la Fiscalía en la ilegalización de las formaciones 'proetarras'. Lo que Don Cándido quería era darle un varapalo a Garzón, por su protagonismo estelar a la hora de instruir, cuando lo que el señor Conde-Pumpido quiere es aumentar las prerrogativas de los fiscales a costa de las de los jueces. Creo que, al final, y gracias a los buenos oficios de ese funcionario sólido que hoy dirige conjuntamente la Policía y la Guardia Civil, Francisco Javier Velázquez, la cosa ha quedado en tormenta en vaso de agua, aunque hubiese quien tirase las patas por alto pidiendo la 'inmediata' dimisión del fiscal, blanco predilecto de sectores de la oposición.

Más contundente me parece la polémica surgida en torno al gobernador del Banco de España, Miguel Angel Fernández Ordóñez, quien protagonizó -¿también se le calentó la boca?- una enorme polémica con sus catastrofistas previsiones sobre el fin inminente de la Seguridad Social. Quizá quien lleva las riendas del banco emisor y supervisor no puede hacer declaraciones como esas, pero hay otro aspecto que acaso debería haber sido tomado en cuenta por quienes, como el ministro de Trabajo, señor Corbacho, o los líderes sindicalistas, se lanzaron como misiles contra la yugular de MAFO: el gobernador criticó ese afán prejubilador que anida en tantas empresas -públicas y privadas- y que hace que se retiren -teóricamente, claro- del mercado de trabajo gentes de cincuenta y pocos años que viven su mejor momento laboral.

Ese, ese es uno de los temas que deberían protagonizar las grandes polémicas en este país nuestro, tan aficionado a las operacioncillas políticas -Dios mío, Miguel Durán de candidato a las europeas por el antaño respetado partido Ciutadans- y a la insoportable levedad del ser.

 

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