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LA VOZ LIBRE
martes, 17 de noviembre de 2009, 13:16
Rajoy, for president... o no

¿Ha salido Mariano Rajoy fortalecido de su convención catalana? Yo creo que sí. Creo que el presidente del Partido Popular, en cada uno de estos envites, confirma lo que para casi todos es evidente y solamente algunos, dentro por supuesto del PP, se empeñan en cuestionar: que Rajoy será el candidato a la Presidencia del Gobierno de España en 2012. Y que, si él se empeña algo en sacudir su habitual modorra, y en su partido no le ponen más zancadillas, podría, además, llegar al sillón de La Moncloa.

Me precio de conocer, por mi profesión de mirón, bastante bien al Partido Popular, como también al Partido Socialista. Son dos grandes formaciones, un poco anquilosadas por el peso de los años y de una no excesiva renovación, no de caras, sino de tácticas y procedimientos. El PP es un partido importante a escala europea, con setecientos mil militantes y centenares de sedes distribuidas por toda España. Una militancia que, en algunos puntos de la geografía española -pienso, sobre todo, en algunos territorios vascos- es, simplemente, heroica. Comprendo el dolor de esos afiliados cuando desde los medios descalificamos genéricamente a la clase política, y yo, mea culpa, he sido el primero que en ocasiones ha caído en ello.

En el PP, como en el PSOE, hay aprovechados, golfos, caraduras e incluso ladrones. Los hay hasta en las instituciones más respetables. Pero el PP, como el PSOE, comenzando por sus dirigentes, es una organización básicamente honrada, aunque a veces a ambos partidos se les olvida un poco que quien manda en ellos es el ciudadano, que es, al final, quien les vota y les paga las nóminas. Y es precisamente en este sentido en el que valoro convenciones como la que el PP celebró este fin de semana en Barcelona: parece que se han dado cuenta de que tienen que recuperar a ese ciudadano defraudado con los usos y lenguajes de una casta que se va alejando del hombre de la calle. Lo demás, algunas ausencias o medio deserciones para encabezar desfiles frívolos, es anécdota.

Rajoy, en ocasiones, me desespera. Lo mismo que Zapatero o que otros muchos dirigentes políticos. Pero les reconozco un afán de superación y, hasta cierto punto, de servicio. No, no tenemos hoy día en España enormes figuras políticas, de esas que permanecen para siempre en la Historia. Tanto Zapatero como Rajoy tienen bastantes virtudes y multitud de defectos; cuántas veces los habremos ya desgranado. Pero representan a los españoles, tienen sentido común, no hacen demasiadas tonterías y saben dónde les (nos) aprieta el zapato, para decirlo en lenguaje llano.

Hoy por hoy, y sé que mi opinión no va a ser muy compartida, los prefiero a otras alternativas posibles. En el caso de los 'populares', me provoca pesadillas pensar en algún zascandil que se propone, con altos apoyos procedentes del pasado, como alternativa. En el caso de los socialistas, me invade el temor cuando me dicen que acaso ZP dé un paso atrás para ceder el sitio a un joven o a una jóvena cuyos nombres se barajan. Los experimentos, con gaseosa y tiempo al tiempo. Confío en asistir, en 2012, a un nuevo duelo al sol entre ZP y MR. Esperemos que, para entonces, las aristas se hayan limado y se esté dando ya un verdadero juego constructivo entre Gobierno y oposición. Y que gane quien de los dos sea, en esos momentos, el mejor. Después, Dios dirá.

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