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LA VOZ LIBRE
martes, 29 de septiembre de 2009, 13:10
¿Ganó Zapatero, ganó Rajoy?

La semana política comenzó con un curioso 'duelo en las ondas' -dos entrevistas en sendas radios, a la misma hora entre Zapatero y Rajoy. Estuve tratando de escucharlas simultáneamente y luego he podido hacerlo en grabaciones. No sé cuál de los dos me convenció más. O menos. Fueron mensajes repetidos, de los que puede sacarse una primera conclusión: de pacto global entre ambos, nada. La distancia entre las posiciones gubernamentales y las del principal partido de la oposición se ha agrandado, tengo la impresión, a partir de los vaivenes del Ejecutivo este verano en materia de impuestos. Y los del PP necesitan sacar ventaja de la forzosa impopularidad que toda subida fiscal supone para un Gobierno.

Rajoy, que se sumergió en un agradable baño de masas el domingo en Dos Hermanas (Sevilla), tiene, y lo demostró en su entrevista en Punto Radio, un punto flaco en la Comunidad Valenciana, sede de algunas agobiantes acusaciones de presunta corrupción contra el partido allí gobernante: incluso llegó a decir que conviene que el presidente de la Generalitat, Francisco Camps, "haga un esfuerzo por explicar las cosas mejor". Cierto que le reiteró su confianza y se reafirmó en la presunción de inocencia de los 'populares' valencianos, pero, justo en vísperas del debate de política general en las Cortes valencianas, hay que reconocer que al PP, en su conjunto, y a Mariano Rajoy, en particular, les ha salido un grano incómodo en el Este de la península. Muy incómodo y quién sabe si maligno.

De la misma manera que Zapatero parece tener su punto flaco en una evidente pérdida de popularidad debida a la improvisación que evidencia el Gobierno en su política económica. El interrogador, el periodista Carles Francino -que se perdió, al final, en un rifirrafe personal en torno a las diferencias de su grupo periodístico con las gentes de La Moncloa-, comenzó preguntando al presidente si alguien le dice que 'esto va mal'. Y Zapatero respondió con una disquisición en su tono hermético, que no deja margen a las inseguridades y menos aún a la autocrítica, haciendo muy difícil la repregunta. Parece que no, que nadie, excepto los medios de comunicación, le dice que algo vaya mal. Por eso, las dos entrevistas parecían producirse en países diferentes.

Pero, en fin, la parte fundamental de ambas entrevistas, la de la SER y la de Punto Radio, se la llevó, como era de esperar, la economía. Y siento tener que decirlo: sigo sin ver luces al final del túnel de las prédicas de nuestra clase política. Ni Rajoy da soluciones contundentes, más allá de sus críticas -creo que bien fundadas- a la acción e inacción del Gobierno, ni Zapatero se apea de la bondad de sus cuestionadas recetas.

Al menos, salieron a explicar, ambos, sin convencionalismos ni concesiones, sus posturas. Ya las conocíamos. Incluso conocíamos la antipatía mutua que se profesan, su radical incapacidad para entenderse. Quien alcance a comprender algo, algo al menos, del otro, habrá ganado estos debates, de los que confiemos que vengan muchos más. Hoy por hoy, empate a cero.

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