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LA VOZ LIBRE

Hacer excursiones en zonas a entre 1.500 y 2.500 metros de altitud es beneficioso para el asma, según los neumólogos

Europa Press
martes, 03 de agosto de 2010, 13:56

A esa altura la polinización es más corta

Con la llegada de las vacaciones, los especialistas de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR) han querido recordar a las personas que padecen asma que las estancias en zonas montañosas situadas a entre 1.500 y 2.500 metros de altitud tienen efectos beneficiosos para la enfermedad debido a que el periodo de polinización en estas zonas es muy corto y presentan una ausencia de ácaros, de contaminantes y de hongos.

"La actividad deportiva en la montaña no solo es segura para los asmáticos sino recomendable cuando el asma esta previamente controlada", explica el doctor Luis Borderías, neumólogo de SEPAR y experto en medición de la función pulmonar en altura.

Según recuerda este especialista, además de una consulta con el neumólogo antes de salir de viaje, en el equipaje del deportista de montaña asmático no puede faltar la medicación antiasmática, y en la montaña proteger la nariz y la boca de las bajas temperaturas y tratar el "mal de montaña" de forma inmediata al primer síntoma.

Ante cualquier esfuerzo físico, el asmático "debe ser precavido" porque el aumento de la ventilación por minuto y la respiración bucal favorecen que los contaminantes de diversa índole que se hallan en el aire entren en su sistema respiratorio con más facilidad, señalan desde SEPAR.

La aparición de una crisis puede favorecerse por la inhalación de aire frío y seco, la presencia de contaminantes o alérgenos y la mayor prevalencia de infección por virus respiratorios debido al ambiente frío y seco.

Por este motivo, "el consejo médico para los pacientes asmáticos en un ambiente de montaña depende de su forma física, de la altitud y del tipo de terreno, pero en general es razonable pensar que nadie con un asma que no esté totalmente controlado se exponga a altitudes por encima de 3.000 metros", comenta el doctor Borderías.

Estas crisis, a menudo cortas, se previenen con la utilización preventiva de antiinflamatorios y broncodilatadores, eligiendo espacios libres de polución y polen, e intentando hacer ejercicio en ambientes cálidos y húmedos, con un precalentamiento intenso antes y si el ambiente es frío no parar bruscamente sino desacelerar el ritmo poco a poco, indican los especialistas.

SUPLEMENTOS CALÓRICOS

El asmático debe además suplementar la ingesta calórica con 350 kilocalorías (kcal) por cada hora de ejercicio sobre la ingesta habitual (1.200-1.600 kcal) e ingerir de 4 a 5 litros de agua o líquidos isotónicos. Asimismo, es preferible beber muchas veces y poca cantidad y evitar las temperaturas muy frías. En este sentido los neumólogos recuerdan que el café, el te o el chocolate tienen un efecto diurético por lo que no deben incluirse en la cantidad de líquidos ingeridos.

En cuanto a los viajes a zonas desérticas, la sequedad del ambiente, que reseca las mucosas y repercute en la hidratación general, puede facilitar la aparición de crisis. Además, aunque no lo parezca en el desierto existen esporas y polen de la flora autóctona. La coexistencia de vientos y tormentas de arena pueden desencadenar una crisis.

En zonas cálidas pero húmedas, como los trópicos, los problemas respiratorios del asmático son los mismos que para las personas sanas. Son los causados por el calor y exceso de sudoración. Sin embargo el asmático debe tener más precaución pues la humedad favorece la presencia de ácaros y mohos en sitios mal ventilados o con agua encharcada.

 

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